[RECORTES]

La inclusión conduce a la excelencia

Mientras el sistema educativo estadounidense no remedie las inequidades que le han caracterizado no podrá aspirar a la excelencia

Confieso que cuando oigo los nostálgicos argumentos de quienes abogan por revisar el pasado para recuperar la grandeza sin par del sistema educativo estadounidense me da escalofrío.

Primero, por la vaguedad de los términos. Si el triunfalismo posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial define el inicio de la llamada “centuria americana”, una época en la que el despegue económico, militar, social y cultural de EU es impresionante e indiscutible, ya para la década de 1980, la Comisión Nacional para la Excelencia en Educación publica su alarmante informe sobre Una nación en riesgo, que describe en detalle las fallas del sistema educativo.

Tampoco estoy de acuerdo con la idea de que del pasado podrían salir las herramientas para enfrentar al futuro, aunque estoy convencido de la necesidad de afrontarlo críticamente para remediar los errores y las omisiones que lo han caracterizado.

Hoy, la brecha en aprovechamiento académico entre los estudiantes de nivel secundario de EU y los de otros países desarrollados, por ejemplo, Finlandia, Holanda, Singapur o Japón es profunda.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en lectura, por ejemplo, EU se sitúa en el decimoquinto lugar entre 29 países con resultados por debajo del promedio mundial. En las ciencias, aunque los jóvenes americanos ascienden al lugar 21 entre 30, sus resultados siguen por debajo del promedio; en matemáticas están en el lugar 25 de 30, pero otra vez quedan por debajo del promedio. En el área de resolución de problemas se sitúan en el lugar 24 de 30, pero también por debajo del promedio.

En síntesis, los datos duros nos indican que el aprovechamiento educativo de los jóvenes estadounidenses oscila entre mediocre y pobre. Peor aún, también nos indica que los estudiantes minoritarios (que para 2050 serán la mitad de la población) conforman el grueso de los estudiantes con menores índices de aprovechamiento. Y esto es así, confirman todos los estudios nacionales e internacionales, porque el sistema educativo de este país es profundamente inequitativo. Una característica que nos ayuda a entender por qué entre los países más desarrollados, los estudiantes estadounidenses son quienes obtienen las mejores y también las peores calificaciones.

Así las cosas, resulta difícil justificar la miopía de los políticos del estado de Texas, la mayoría republicana en la asamblea estatal, y el gobernador Rick Perry, también republicano, quienes en su afán por reducir el déficit presupuestal que enfrentan, han propuesto recortar la ayuda financiera a unos 80 mil estudiantes universitarios y a programas de educación preescolar, de kindergarten y de escuelas primarias. Así mismo, han anunciado su intención de recortar el pago a los doctores que atienden a niños de bajos ingresos que operan con fondos de un programa de salud estatal.

En términos de población, Texas es el segundo estado de la unión americana, pero ocupa el lugar 43 en gasto per cápita en educación y es el estado con el mayor número de niños sin seguro sanitario. Los hispanos son ahora la mayoría (50.2%) de los casi 5 millones de estudiantes que asisten a las escuelas públicas y son también quienes tienen los mayores índices de deserción escolar y menos acceso al cuidado de la salud.

Aún así, la mayoría de los ciudadanos de raza blanca en Texas piensa que el gobierno estatal es ya demasiado generoso con las minorías tanto en educación como en sanidad, aparentemente sin percatarse de que si el estado no se esfuerza por educar a las minorías el futuro económico de la nación, del estado y de sus pensiones, que dependen del seguro social, se pone en riesgo.

Desafortunadamente, aún hay muchos que piensan que las minorías no forman parte integral del tejido social, económico y político del país. Son individuos que siguen sin entender que la división no conduce a la excelencia y que si de lo que se trata es de alcanzarla, más que voltear al imaginado pasado hay que entender el presente con pragmatismo y esforzarse por facilitar la inclusión plena de las minorías para labrar un mejor futuro para todos.


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