Nuestro país se debate en una vorágine mercantilista de todo lo que se puede vender y comprar, y la educación no escapa de este desenfrenado apetito, donde el mejor postor paga por el menú más exigente.

Entonces, el tema de los que más tienen se convierte en una enzima que cataliza el acceso a la buena educación en el país, creando una especie de polarización educativa de los que pueden pagar y los que no.

En Colón, ciudad donde la buena educación es un privilegio, porque ya todo lo demás es una eterna lucha de supervivencia, se encuentra el Colegio Internacional del Caribe, sí, el único con licencia Internacional y con un pensum académico que fácilmente puede ser la envidia de los centros élites de enseñanza del país, sin embargo, no escapa de esta tendencia segregasionista del dinero. Un anuncio de aumento desmesurado e indolente del costo de escolaridad y matrículas, entristece la Navidad de hogares con padres de clase media, que en torno a una economía alicaída, hacen un heroico esfuerzo por costear una buena educación para sus hijos. Sus casi súplicas de conciliar un acuerdo económico que solvente los problemas financieros de la entidad sin afectar tanto sus ya al límite presupuestos, caen en oídos sordos y la reciben la fuerza de la vergonzosa norma 601, que produce la frase “si no lo puede pagar, váyase con su hijo a otro colegio, que aquí hay lista de espera”

El futuro no es incierto, países vecinos nos lo están mostrando. Una sociedad profundamente resentida porque el acceso a lo bueno se convirtió en un plato solo para la mesa de los ricos, incluyendo lo más básico, que es la educación.

Una inminente fractura social producto de ese resentimiento —motivado por la inequidad y la falta de visión en dirigentes sociales y líderes políticos, de la importancia común de que a la gente les vaya bien, que por lo menos puedan acceder a servicios básicos de calidad—, y lo grave de arrodillar a una sociedad ante el poder del dinero.

Algún día tendremos que abrir los ojos todos, construir una sociedad más solidaria y tolerante, donde la creatividad sea la nota que suene más alto, porque un camino con baldosas de dinero, no es más que el de la inequidad y la lucha de clases y ese solo lleva a una nación hacia su propio fracaso.

El autor es práctico del Canal