Hace escasamente un mes, las interacciones sociales físicas no implicaban un riesgo de salud. Abrazar a un amigo, celebrar un cumpleaños o ir a una reunión no representaban una amenaza. Hoy nos despertamos en aislamiento e incertidumbre, con preguntas como ¿cuántos nuevos casos? ¿quiénes han fallecido? ¿qué pasará con nosotros mañana? y otras que surgen con el pasar del tiempo.
Con el avance del aislamiento, es común que comencemos a sentir ansiedad, depresión, desesperación, irritabilidad y rabia, a un punto que afecte la salud mental. La ansiedad es el miedo a lo que desconocemos o a contagiarse o morir o a que alguno de nuestros seres queridos sufra. Es la necesidad de observar las noticias todo el tiempo, aunque no poder desconectarse así sea parcialmente, produzca más ansiedad.
Dentro de la ansiedad también pueden ocurrir ataques de pánico, cuyos síntomas son taquicardia o la sensación de no poder respirar. En la depresión, por otro lado, predomina la tristeza, el cambio de apetito y en los patrones de sueño y la falta de motivación. En situaciones de crisis, todos somos propensos a padecer de éstas y otras afecciones.
Aunque nos encontremos en una situación de estrés constante, que pueda comprometer nuestra salud mental, podemos cuidarla desde casa. Varios colegas han implementado psicoterapias virtuales para brindar atención a la salud mental dentro de las actuales circunstancias. Incluso, existe una línea de emergencia de asistencia psicológica, habilitada para cualquiera que la necesite (511-4401).
La ciencia, además, sugiere realizar actividades, como hacer ejercicio, tratar de comer de forma balanceada y realizar actividades recreativas dentro de casa. En particular, importa mucho tratar de mantener el contacto social. Esto incluye, tanto tratar de mantenernos en comunicación con los que están en casa o con nuestros amigos y familiares, por los diferentes medios de comunicación, y darle apoyo a los que más lo necesitan. Para afrontar crisis como éstas es necesario ser empático con nuestros semejantes, y las poblaciones más vulnerables. Y por favor, ¡quédate en casa!
La autora es licenciada en psicología, miembro del grupo Panama Aging Research Initiative, y de Ciencia en Panamá
