[ARMAS Y VIOLENCIA]

La masacre que viene

A muchos sorprende que un joven como Loughner cometiera un acto tan terrible. Pero él es uno de millones de jóvenes que viven en un país que ve la guerra como una solución útil y confiable.

El esfuerzo de la congresista Gabrielle Giffords para iniciar un diálogo en Arizona terminó con disparos de arma de fuego el sábado pasado. Desafortunadamente, el suyo no es un caso aislado, esto ha ocurrido en el pasado. Y si esta tragedia no genera cambios radicales en Estados Unidos, se repetirá. Y pronto.

Después de todo, las condiciones están dadas para otra matanza: un clima creciente de intolerancia política y social donde millones de armas están disponibles por muy pocos dólares. Todo es simplemente un preámbulo de otra masacre.

El sábado en la mañana, lo único que quería la congresista Giffords, una demócrata por Arizona, era reunirse con residentes frente a un supermercado en Tucson. Pero Jared Loughner, cargando toda la intolerancia del mundo y con una pistola, terminó con el diálogo y con la vida de seis personas, incluyendo una niña de nueve años de edad. ¿Por qué ocurrió esto?

Primero, lo obvio. Este hombre de 22 años pudo conseguir una pistola semiautomática, lo que le permitió disparar en múltiples ocasiones sin tener que recargar el arma. Es facilísimo comprar armas de fuego en Estados Unidos.

La segunda enmienda de la Constitución estadounidense lo permite. El derecho irrestricto de portar armas tenía sentido en 1791, cuando las armas eran menos potentes y la Revolución Americana era un recuerdo poderoso, pero no en 2011. Lo que Estados Unidos necesita ahora es imponer restricciones más severas.

Pero muy pocos políticos se atreven a proponer tales leyes por temor a enfrentarse a la influyente National Rifle Association y ser objeto de sus campañas durante las elecciones. No haber limitado apropiadamente el acceso a las armas de fuego ha llevado a masacres como la de Tucson. Mucha gente ha señalado que Loughner tenía un historial de comportamiento extraño, al parecer indicativo de enfermedad mental, y quizá eso sea cierto. Pero más allá de problemas psicológicos y el fácil acceso a armas de fuego, hay otras razones detrás de estos actos de violencia.

Nuestra sociedad se está haciendo más brutal y agresiva, y este es un problema de raíces muy profundas. Estados Unidos está siendo testigo de un terrible periodo de intolerancia. Republicanos y demócratas atacan violentamente los puntos de vista opuestos en público. Radio y televisión están llenos de comentarios cargados de odio y prejuicios. El diálogo en nuestro país está siendo reemplazado por enfrentamientos y conflictos, y los gritos ahogan todos los intentos de debate razonado.

No es coincidencia que esta última masacre haya ocurrido en Arizona. Este es, después de todo, el estado en el que una ley que discrimina a los hispanos se aprobó el año pasado. Clarence Dupnik, sheriff del condado de Pima, dijo el pasado fin de semana que Arizona es “la Meca del prejuicio y la intolerancia”. Tiene razón. Los asesinatos en Tucson son el resultado de una cultura que promueve la intolerancia y la violencia.

Pero hay más. No podemos subestimar los efectos de las guerras en Irak y Afganistán, y la cultura de violencia que han alentado. A muchos sorprende que un joven como Jared Loughner haya cometido un acto tan terrible. Pero él es uno de millones de jóvenes norteamericanos que están viviendo en un país que ve la guerra como una solución útil y confiable.

Esta generación creció viendo a los más altos funcionarios resolver sus problemas y diferencias con otros empleando una fuerza abrumadora. Eso es lo que se ve en las noticias, se recrea en juegos de videos y lo que la sociedad les ha enseñado desde niños. Y ahora que han llegado a ser adultos, basta uno solo, armado con una pistola y sus prejuicios, para causar otra tragedia.

Me parece magnífico y aleccionador el llamado a la cordura y a la civilidad por parte de muchos políticos y líderes de opinión tras la masacre de Tucson. Pero una vez que pase este ciclo noticioso, mi temor es que este tipo de tiroteos se repitan. Una y otra vez.


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