La mayoría misteriosa. El economista y profesor Carlos Mulas Granados repitió en El País el lamento narcisista de los socialistas ante las pasadas elecciones europeas: si somos tan buenos ¿por qué no nos votan? Fue incluso más allá y preguntó: si la mayoría somos nosotros ¿por qué no ganamos las elecciones? Llegó a la lógicamente misteriosa conclusión de que los socialistas son una mayoría ¡que está en minoría!
Propone el término neoprogresista para repetir los tópicos del intervencionismo de toda la vida, la bobada esa del “mercado sin normas y sin control”, en fin, ese intervencionismo tan abnegado y que todo el mundo comparte siempre, salvo al parecer a la hora de votar. ¿Por qué será?
A don Carlos no se le ocurre pensar que igual el pueblo es, en alguna medida y acaso en alguna creciente medida, consciente del nivel de la presión fiscal: él no habla de los impuestos más que paradefenderlos y para despotricar contra quienes se oponen: “Reniegan de los tributos quienes no creen en lo público”. O sea que es una cuestión de fe. Creer o no creer.
Igual podría pensar el doctor Mulas que lo que caracteriza a lo público no es la fe sino la coacción, y que a determinado nivel de coacción ya deja de tener atractivo el mensaje socialista fundamental, que es: no se preocupe usted, que sólo cobraremos impuestos a los demás, que son una minoría, mientras que usted integra la mayoría a la que vamos a proteger. He ahí quizá la clave: en los demás, porque el socialismo está bien mientras no se acabe el dinero de los demás. Cuando se acabe, y siempre se acaba, entonces irán por usted, porque no hay socialismo sin usurpación de los bienes y libertades de millones de personas, minorías o mayorías, entre las cuales bien puede estar en algún momento dado usted. Y usted lo sabe.
Profesores progresistas. Los mayores disparates antiliberales no son perpetrados por los políticos sino por los intelectuales. El distinguido profesor Dominique Moisi se refiere en El País a Estados Unidos y proclama: “No es correcto suponer, como hacen algunos partidarios del libre mercado a ultranza, que la falta de protección social te fortalece. La ambición de un país y una sociedad nacidos de los principios de la Ilustración no puede ser crear un pueblo armado hasta los dientes con pistolas y, sin embargo, totalmente desarmado ante la enfermedad”.
Qué locura. El papel desmoralizador de la intervención y los subsidios es algo que reconocen incluso muchos intervencionistas. Y si la Ilustración, como su nombre indica, tenía que ver con la luz, “¡más luz!”, cabe preguntarse en qué cuarto oscuro se ha metido el profesor Moisi para pensar que el pueblo americano está totalmente desarmado ante la enfermedad: totalmente, oiga.
El profesor incurre en otras ficciones, demasiado copiosas para detallarlas aquí, pero me hizo particular gracia su pésima opinión sobre la movilidad laboral en Estados Unidos, un importante mecanismo para que los trabajadores mejoren su nivel de vida; y también me asombró su diagnóstico: en Estados Unidos se “vive para trabajar” mientras que en Europa, en la Europa de los impuestos, las regulaciones y el paro, se “trabaja para vivir”. Qué bobada, señor, y en el primer periódico de España. No se trata de disparates cualesquiera, porque todos están orientados en la misma dirección: si el poder arrebata la libertad y los bienes de los ciudadanos, entonces todo va bien. Y ¿qué sucede cuando los europeos desconfían de las recetas antiliberales de don Dominique y no votan a los partidos que mejor las representan? Pues, está claro, la culpa es ¡de la gente! El ilustre profesor asegura que nos falta “ambición colectiva”. Vaya, por Dios.