A menudo a los colombianos nos preguntan: “¿Es verdad que ustedes hablan el mejor español del mundo?”. Confieso que es una pregunta que nos encanta oír. Tantas veces nos preguntan por el narcotráfico, la violencia y la corrupción, que uno agradece la referencia lingüística.
Las respuestas.
1) La escuela narcicista, que contesta de manera desvergonzada “sí, es verdad”. Resulta aconsejable que quienes optan por tan soberana afirmación procuren ser breves, porque podrían enredarse en las faldas de su propia respuesta. Sé de un antiguo ministro algo pomposo que, enseguida de aceptar con fruición el aserto, agregó que ello se debía en buena parte a la labor educativa de su gobierno, pues antes “hubieron otros que no se preocuparon tanto por el buen uso del español”.
2) La escuela de la modesta flor, que niega con sonrojo la pregunta, pues profesa normas de cortesía que impiden aceptar la alabanza en causa propia.
3) La escuela ecléctica, que parece decir que no, pero dice que sí.
Yo pertenezco a esta última. Al oír la pregunta, finjo un poco de embarazo y ofrezco por todo comentario una sonrisa humilde.
En realidad, la mejor respuesta la dio hace años José Antonio León Rey, un colombiano que fue delegado por América Latina ante sus colegas de la Real Academia de la Lengua Española.
“Yo no sé si los colombianos somos quienes mejor castellano hablamos –dijo el maestro León Rey—, pero seguramente somos quienes más amamos esta lengua”.
Afincado en ella, planteo la próxima pregunta: “¿Por qué razón se dice que somos quienes mejor uso hacemos del español?”.
Lo primero que se me ocurre es la Ley del Estereotipo. Basta con que eches a rodar un lugar común, para que la gente adhiera a él. Algunos, incluso, consideran que parte de la sabiduría corriente en materia filológica consiste en afirmar que los colombianos dominamos la lengua de Cervantes mejor que nadie. Llevamos a cuestas los colombianos tantos estereotipos ignominiosos, que se agradece infinitamente este solitario sambenito favorable.
En este punto, el ciudadano colombiano digno se encrespa y afirma que “no existe un sambenito favorable, pues todo sambenito es necesariamente peyorativo y difamatorio”…
Pero yo no soy un ciudadano colombiano digno, sino un miembro, ni más ni menos, de la Academia Colombiana de la Lengua, así que debo seguir mi camino y explorar el tema que nos ocupa. Sí: ¿por qué diablos se dice que hablamos el español más puro? “No lo sé. Pero debe de ser por algo”.
Malcolm Deas, un profesor de Oxford que nos ha estudiado con curiosidad de amoroso entomólogo, se ha interesado por lo que denomina “la obsesión nacional filológico-gramatical”. Según él, en Colombia “el dominio del idioma llegó a ser, y lo fue durante mucho tiempo, elemento del poder político”.
A juzgar por la manera como hoy se expresan muchos políticos, ya no lo es. Y a juzgar por cosas que uno escucha en la calle, lee en la prensa, oye en la radio y la televisión, ese dominio del idioma resulta cada vez menos evidente. Pero el prestigio nos acompaña, y Dios quiera que así se mantenga durante mucho tiempo.
