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Metamorfosis del ‘año nuevo tableño’

Metamorfosis del ‘año nuevo tableño’
Metamorfosis del ‘año nuevo tableño’

Apostada en las llanuras litorales del Pacífico central panameño y custodiada por el azul Canajagua, Las Tablas abraza en su pequeña extensión geográfica uno de los eventos de mayor renombre y magnificencia que se lleva a cabo cada primero de enero en el istmo: el año nuevo tableño. Esta particular y significativa fiesta es el reflejo de décadas de evolución y constante sacrificio por lugareños y ajenos quienes hoy ofrecen a propios y visitantes una herencia de vistosidad, danza, brillo y tronar de lo que es hoy ya una tradición.

La celebración del año nuevo tableño en la primera mitad del pasado siglo XX, no iba más allá de pequeños grupos que, luego de recibir el nuevo año en sus casas, se trasladaban hasta la plaza central para festejar al ritmo del violín, la caja y el tambor hasta altas horas de la madrugada, un toque festivo del folclor regional. De acuerdo con el arquitecto y docente Carlos Morales, la génesis de las festividades del Carnaval en los años de 1950 por parte de Calle Arriba y, posteriormente, por parte de Calle Abajo, da inicio a la metamorfosis del año nuevo tableño: de pequeños grupos festivos en el gazebo del parque, a dos grupos desfilando con su reina, mazos de velas encendidas, perfumes en señal de lujo, bajo el ritmo de la caja, el tambor, acompañados de versos y coplas en un inicio, y luego por los instrumentos de viento al finalizar esta década.

En la década de 1960, exactamente en el año 1963, la Calle Arriba sorprende al tablado con un pequeño carro con signos de interrogación en señal de la proclamación sorpresa de su próxima reina. El resto de la década del 60 y del 70 los recorridos continuaron en tunas a pie con globos, serpentinas y parafernalia alusiva a los cuatro días del Carnaval. Para esta época, debido a la sencillez con la que se festejaba el Carnaval, las preparaciones de este no excedían a un mes o dos de antelación.

En el año 1979 se da un cambio definitivo, se inicia el paseo de Año Nuevo en carros alegóricos, lo cual ambas tunas han mantenido ininterrumpidamente. A partir de este año y los años siguientes, correspondientes a los años 1980, se utilizan piezas en los carros alegóricos del Carnaval anterior. Ya transcurrida la década de los 80 las tunas deciden estrenar nuevos carros para el 31 a la medianoche.

En esta misma época los vestuarios iniciaron siendo vestidos de noche, con brillo y pedrería, hasta el año 1994. En 1995 se da un cambio en el vestir de las reinas, pasando de vestidos de noche a vestidos de fantasía, vestidos temáticos, a grandes disfraces con aparejos de mochila que portan las reinas y aparejos estáticos, los cuales forman parte de los carros alegóricos. En esta misma década, los carros alegóricos evolucionan con sistemas de luces especializadas.

La década de 2000, el nuevo siglo, el nuevo milenio da origen a carros alegóricos de mayores dimensiones. En el año 2002, Calle Abajo inicia con una nueva actividad, la cual es hoy parte de esta tradición: el culeco de Año Nuevo. Esta década introduce el montacargas sobre los chasis de los carros alegóricos que elevan a grandes alturas tanto a piezas alegóricas como a las mismas reinas, luces programadas y corredizas; humo, agua y pirotecnia dentro de las alegorías.

Esta última década, de 2010 a 2019, la cual finaliza hoy, incorporó en la metamorfosis del año nuevo tableño (desfile nocturno y culeco) figuras con movimientos, luces led y finas piezas exquisitamente elaboradas. A partir de 2020 la metamorfosis ha de continuar de acuerdo con las tecnologías que han de llegar.

Cada madrugada del primero de enero el tablado se viste de gala, iluminándose su cielo nocturno con el destello de los morteros que avisan el arribo de un nuevo año. El color de las alegorías, el brillo de las luces y el sonar de las trompetas hoy son el eco del tambor y del alumbrar de las velas que una vez iluminaron las calles del terruño tableño.

La metamorfosis pasó de coplas y perfumes a majestuosos desfiles cuya inversión supera los 40 mil dólares por tuna. Quizás, para terceros, es una fiesta más, pero para el lugareño, para el tableño que día tras día ve el sol ocultarse tras el Canajagua, la tradición de Año Nuevo es decir Calle Arriba, es decir Calle Abajo, es decir Las Tablas.

El autor es estudiante de doctorado


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