El proyecto europeo que ha unido los esfuerzos de científicos de 11 países para buscar en el Ártico las claves del cambio brusco inducido en los organismos a causa del calentamiento global han vuelto con una noticia buena y otra mala. La mala, que las aguas del Círculo Polar Ártico se cuentan ya entre las más contaminadas del mundo. La buena, que los investigadores han visto en el zooplancton Calanus glacialis un organismo capaz de aportar bastantes indicios acerca del comportamiento de los ecosistemas árticos. Aunque sólo sea por lo que cuesta encontrarlo hoy en los fondos marinos de aquellos parajes.
Pero lo que quería comentar al respecto no tiene que ver con ese microorganismo en sí sino con la manera como se ha presentado el descubrimiento. El reportaje lo titula así: “Un animal de sólo tres milímetros da la respuesta”.
El adverbio “sólo” tiene su miga empleado en el contexto de la frase anterior. Implica que ni siquiera al escribir acerca de los asuntos científicos somos capaces de desprendernos del prejuicio de tomar como medida la dimensión humana. Tres milímetros es un tamaño gigantesco para dos de los tres dominios existentes en el mundo de la vida. Arqueas, bacterias y eucaria compartimos el planeta pero no con iguales pretensiones si la antigüedad es sinónimo de derechos de posesión: las evidencias actuales apuntan que las arqueas fueron los organismos más antiguos, les siguieron las bacterias y los seres con núcleo celular aparecimos, por selección natural, mucho más tarde.
Pues bien, las arqueas tienen un tamaño que de desde las 0.5 a las 5 micras, es decir, son entre 600 y 6000 veces más pequeñas que el zooplancton objeto de estudio por parte de los científicos europeos. Si vamos a ello, existe una desproporción bastante parecida de talla entre los humanos y los C. glacialis, por una parte, y estos últimos organismos herbívoros y las arqueas más grandes, por otra. Dicho de otro modo, los Calanus del mar de Barents no tienen “sólo” tres milímetros. Tienen un tamaño intermedio y de lo más común –en esos términos– en aquello que hace a los seres afectados de manera seria por la combinación entre ciclos climáticos a largo plazo y contaminación acelerada.
El desprecio por la escala tuvo a mi entender su ejemplo más excelso en la rueda de prensa dada por el ministro de Sanidad español Jesús Sancho Rof, hace 30 años, cuando se produjeron muertes por culpa de la venta de aceite de colza adulterado. El ministro dijo entonces que el culpable de los fallecimientos era un bichito tan pequeño, tan pequeño que, si se caía de la mesa, se mataba. Al margen de las ignorancias del caballero acerca de las consecuencias que tiene la ley de la gravedad para los animales grandes y los pequeños, que todo un ministro de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, como era su cargo, considerase despreciable lo que no se ve, pone muy bien de manifiesto que, en materia de cerebros, un gran tamaño tampoco garantiza nada.