[CIENCIA]

Cuando nació el universo

La ciencia nos permite conocer el mundo. Esa verdad indiscutible está, claro es, sujeta a las matizaciones porque solo podemos conocer, en el sentido estricto del término, aquello que nuestros sentidos pueden percibir y nuestro cerebro logra interpretar convirtiendo las señales sensoriales en conocimiento. Sin embargo, existe otra forma distinta de alcanzar evidencias; una que puso de manifiesto Descartes al distinguir entre idea e imagen.

Somos capaces de imaginar un triángulo pero no un quiliógono, entendiendo por tal un polígono de mil lados. Sin embargo, podemos perfectamente entender lo que es. Gracias a esa capacidad de comprender, por la vía de la lógica y de las matemáticas, aquello que no logramos percibir, hemos avanzado de forma notable en la dilucidación de algunas de las características más inabordables y misteriosas de lo que existe. Como es, en la práctica, casi todo lo que corresponde al mundo cuántico.

A veces se alcanza un hito magnífico por la vía clásica, es decir, la de la percepción sensorial, aunque sea gracias al uso de instrumentos muy sofisticados. La identificación de la galaxia más lejana jamás hallada, la UDFy–38135539, parece pertenecer a ese universo accesible a nuestros sentidos por más que su luz fuese captada a través del telescopio Hubble y se encuentre muy poco por encima de la radiación infrarroja.

La estimación de la distancia y, por ende, de la edad –el universo se expande, así que “más lejos” equivale a “más antiguo”– de la galaxia se hizo calculando su línea espectral del hidrógeno, correspondiente al movimiento de los electrones entre dos de sus niveles de energía. Esa línea, llamada alfa Lyman, se desplaza hacia el rojo cuanto más antigua es la luz emitida.

El parámetro de desplazamiento obtenido por el telescopio de Paranal (Chile) fue, al decir del comentario publicado por la revista Nature acerca del hallazgo, de 8.55, cosa que indica que la galaxia se formó solo 600 millones de años tras el Big Bang. Pero, ¡ay!, solo una línea alfa Lyman ha sido detectada. Algunos astrofísicos creen que la evidencia puede, por tanto, deberse a un artefacto, a un error de medición siendo así que la técnica disponible se está llevando cerca de sus límites. Por decirlo acudiendo a la acotación de Descartes, puede que no estemos tanto “viendo” como “ideando”.

Pero, ¿acaso importa mucho? Solo la hazaña de captar una luz que surgió casi con el propio universo, en un tiempo en que éste se encontraba en sus fases iniciales y las galaxias comenzaban a formarse, nos lleva al nacimiento de nuestro mundo. El trabajo, firmado por Matthew Lehnert, del Observatoire de Paris (Université Paris Diderot) y nueve colaboradores, pone de manifiesto muy bien que la ciencia es capaz de sobrepasar algunos límites que creíamos inabordables. Otra cosa es que entendamos los por qués y que lleguemos alguna vez a hacernos una idea de lo que supuso ese nacimiento del espacio y el tiempo sin hacer la pregunta, equivocada, acerca de qué podría existir “antes”.


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