El 24 de enero es el Día Internacional de la Educación. La fecha es propicia para evaluar dónde estamos en educación en Panamá.

Nos preparamos para el nuevo ciclo escolar 2021, aún con distanciamiento social. Tenemos el reto de rescatar y reforzar el trabajo realizado en 2020 cuando la educación, como la conocíamos, cambió para siempre.

El año escolar 2021 será el segundo periodo lectivo consecutivo en modalidad a distancia y/o virtual, con posibilidades de haber clases híbridas o semipresenciales, más adelante. A la situación sanitaria, consecuencia de la Covid-19, se sumará el inconveniente crónico del estado estructural de las escuelas oficiales cuando podamos volver a las aulas.

El tema educación ha sido el foco de muchas mesas de debate. Se discuten estrategias de cómo brindar educación de calidad, la inversión necesaria, la mejora de las oportunidades educativas o el perfeccionamiento docente. Todos esos tópicos son relevantes.

Es preciso evaluar la importancia de cómo hacer que un aula virtual o presencial tenga un ambiente motivador.

Hace unos días visité una escuela. Se trata del centro educativo básico general de uno de los corregimientos más poblados de Colón, ubicado a unos metros de la carretera transístmica y a minutos de la Ciudad, de la Zona Libre y de algunos de los puertos más importantes de América Latina.

Observé el estado de abandono de la infraestructura , posiblemente consecuencia del desuso en 2020. Me asomé por la ventana de uno de los salones. Tenía ornamentales rectangulares, similares a los de la escuela en la que estudié la premedia y verjas de hierro. El tablero blanco aún tenía escrito la fecha en que fue utilizado por última vez y algunas asignaciones. Había cuadernos en el pupitre, cortinas rasgadas y un mural a medio terminar. Lo último que noté, fue la puerta de hierro, color gris.

Intenté imaginar aquel último día de clases, luego de reportar el primer caso de Covid-19 en el país. Visualicé niños en el aula, un docente impartiendo clase y la motivación que fomentaba el ambiente escolar. Por un momento me puse en el lugar de los estudiantes que, sin la pandemia, hubieran permanecido en sus aulas: alumnos que provienen en muchos casos de “zonas rojas” y/o hogares disfuncionales.

Al imaginar este escenario, reconocí la importancia del entorno escolar en el que se estudia y cómo incide en el desempeño de estudiantes e, incluso, de los educadores. Pensé que ofrecer un ambiente diferente e inspirador a alumnos que, posiblemente, en sus hogares ya viven en condiciones precarias, pudiera hacer una gran diferencia en la tasa de deserción.

De las contradicciones más insólitas, está aspirar a que estudiantes con buena conducta, calificaciones excelentes y alta motivación, cuando asisten a escuelas que más que casas de estudios, nos hacen recordar a cárceles o que no cuentan con servicios básicos como agua, electricidad, saneamiento y ni hablar del acceso a internet. Ventanas parecidas a las de una prisión, sillas incómodas o dañadas, baños en condiciones deplorables y, algunas veces, maestros hostiles. Este ejemplo es de una escuela urbana, sin contemplar las 290 escuelas rancho que el MEDUCA reportó en 2020, en todo el país.

La escuela debe ser un templo de inspiración en la que el estudiante sienta seguridad y del que no quiera huir. Debe ser un lugar acogedor que permanezca en la memoria de quienes pisaron esas aulas como uno de sus mejores recuerdos. Urge brindar espacios donde el proceso de enseñanza se pueda llevar a cabo con armonía, que motive al estudiante a continuar sus estudios.

Hacemos un llamado de atención a las autoridades, para que sea una prioridad, mejorar el ambiente escolar que se ofrece a los estudiantes . Como sociedad civil, nos corresponde velar por las condiciones en que se encuentran nuestras escuelas, cuidar de ellas y exigir su mantenimiento por parte de todos los actores.

Todos los estudiantes merecen una educación de calidad, impartida en aulas de calidad. Las escuelas deben ser el epicentro de la vida de una comunidad. Un templo del saber debe ser cuidado y respetado. Brindemos a nuestros niños y jóvenes, escuelas que inspiran … A quererlas , amarlas y a ser gratos recuerdos para toda la vida.

La autora es bióloga, docente y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación