Siempre me sedujo la dignidad que reviste la frase con la que el presidente José Antonio Remón Cantera condujo la negociación revisionista que llevó al Tratado Remón-Eisenhower. El 2 de enero se cumplieron 65 años de su asesinato en el viejo hipódromo de Juan Franco. Yo tenía 12 años. Recuerdo estar en el Teatro Edison cuando encendieron las luces para hacer el anuncio. Al magnicidio siguió por casi tres años una tensa situación política en el país, después que el abogado Rubén Miró Guardia confesó ser culpable del crimen e implicó al primer vicepresidente José Ramón Guizado, quien luego de 11 días como presidente designado fue destituido por la Asamblea Nacional de Diputados y enviado a la Cárcel Modelo. Después Miró se retractó de la acusación a Guizado y en el juicio junto con otros seis sindicados se declaró inocente, señalando otras personas como responsables. Finalmente, en diciembre de 1957, un jurado de conciencia declaró inocentes a todos. Guizado quedó libre después de 35 meses preso. Años transcurridos, el 1 de enero de 1970, Rubén Miró fue encontrado asesinado por los lados de Chepo. En el ambiente hay todavía muchas preguntas sin respuesta acerca del único asesinato de un presidente panameño.
El Tratado con su nombre logró el primer aumento significativo de la anualidad del Canal: pasó de B/.430, 000 a B/. 1, 930, 000. Estableció el pago de impuestos sobre la renta al Estado panameño de todos los trabajadores y residentes panameños en la Zona del Canal. Planteó establecer condiciones laborales igualitarias eliminando el Gold Roll y el Silver Roll. Redujo el derecho de importación de licores a un 75% de aquellos licores que se compran para la Zona del Canal. Los comisariatos ya no abastecerían a las naves en tránsito. Se entregarían las tierras de Paitilla y la estación del ferrocarril. Los beneficios económicos dados al sector empresarial motivó que el pueblo lo llamara “tratado de carne y cerveza”.
Por mi parte tengo una interrogante que se distancia de los hechos mencionados y siembra una paradoja: ¿por qué el coronel José Antonio Remón Cantera, diligente anticomunista servicial de Estados Unidos, perseguidor de organizaciones y movimientos populares desde la Federación de Estudiantes de Panamá hasta el Partido del Pueblo, entre otros, utilizó como consigna de su negociación para la revisión del Tratado del Canal que promovía la frase “Ni millones ni limosnas. Queremos justicia”?
Lanzó esta frase de tinte nacionalista para iniciar gestiones con Estados Unidos sobre el Canal, y con ella animó la concentración que realizó en la Plaza 5 de Mayo en apoyo a su propuesta. “Ni millones ni limosnas. Queremos justicia”, como consigna propagandística de los propósitos crematísticos de la agenda negociadora de Remón Cantera, caló en el sentir de la plebe y sectores de clase media y burguesa panameña. Según el historiador panameño Iván A. Ricord B., “entendiendo la necesidad de reivindicaciones nacionales para lograr la total independencia del país, Remón, en principio, y quizás imbuido por las inquietudes juveniles, pretendió implantar un matiz nacionalista en un cuerpo, constantemente humillado y dependiente del control colonial norteamericano”. ¿Remembranza de su época de estudiante del Instituto Nacional, donde se graduó de Bachiller en Humanidades, o simple oportunismo mediático estratégico?
Paradójicamente, el general Omar Torrijos Herrera, otrora represor del levantamiento armado de cerro Tute, imbuido de dignidad nacionalista y el anhelo de todos los panameños de soberanía total, logró convocar en esa misma Plaza 5 de Mayo, todas aquellas fuerzas populares perseguidas por Remón y participaron en la grandiosa concentración del 11 de octubre de 1971, respaldando su liderazgo ante Estados Unidos, para poner fin al enclave colonial de la Zona del Canal. “Gobernador, ¿de qué?”, coreo eufórica la multitud con él ese día. Yo estuve allí.
Ni el coronel Remón Cantera tuvo la satisfacción de firmar el tratado que gestó ni el general Torrijos Herrera de ver el fin de la Zona del Canal, porque ambos fueron asesinados. El 25 de enero de 1955 se firmó el Tratado Remón-Eisenhower por Octavio Fábrega, nuestro ministro de Relaciones Exteriores, y Salden Chapin, embajador de Estados Unidos. El 31 de diciembre de 1999, Panamá recuperó la jurisdicción sobre todo su territorio bajo una sola bandera sin enclave colonial y el Canal de Panamá pasó a manos panameñas, recibido por Mireya Moscoso Rodríguez, opuesta con su esposo Arnulfo Arias Madrid a los tratados. ¡Cosas veredes, Sancho! Sea.
El autor es docente universitario

