¿Puede el presidente Barack Obama pedir a los estadounidenses que envíen a más hijos a morir en Afganistán para defender a un gobierno dispuesto a robar una elección? Esa es la pregunta política que los funcionarios estadounidenses podrían enfrentar en las próximas semanas si el presidente Hamid Karzai sigue ignorando la evidencia de fraude en la elección presidencial de Afganistán el mes pasado.
Un organismo supervisor de la elección mayoritariamente nombrado por Naciones Unidas encontró “evidencia clara y convincente de fraude” en la votación y ordenó un recuento parcial. Eso no le impidió a Karzai emitir un comunicado, el miércoles, elogiando la “honestidad” e “imparcialidad” de los comicios. Los disputados resultados preliminares lo muestran encaminado a ganar en primera vuelta.
Los diplomáticos dicen que la elección no es definitiva hasta que termine el recuento. Los investigadores del presunto fraude podrían transparentar el conteo y obtener un resultado que los afganos acepten como legítimo. Pero resolver todo esto podría llevar meses. Más allá del resultado, el manto de sospecha que cubrió al proceso ya dañó la imagen de un gobierno que muchos en Occidente consideran débil y corrupto.
Los datos –algunos de los cuales fueron eliminados de la página web de la comisión electoral sin explicación– mostraron algunas anomalías, como pueblos enteros donde Karzai recibió todos los votos emitidos. La aparente impaciencia de Karzai frente a las dudas y su intento de acelerar el proceso tensionó la relación con el Gobierno estadounidense. Pero la situación podría empeorar más debido a que Obama debe decidir en las próximas semanas si redobla la apuesta, en una riesgosa estrategia que contempla el envío de tropas adicionales a Afganistán.
La disputa electoral no podría haberse producido en un peor momento para Obama, que convirtió a Afganistán en su prioridad en política exterior. Su gobierno ya envió 21 mil soldados adicionales, profundizando una escalada que comenzó a fines del año pasado bajo la administración de su predecesor George W. Bush. Desde entonces, la guerra se ha vuelto mucho más violenta y el apoyo interno se ha erosionado. “Será muy difícil justificar el apoyo al resultado de una elección en la cual se han gastado cientos de millones de dólares y soldados de la OTAN han muerto (... si) el fraude decide el resultado y no la voluntad del pueblo”, dijo a Reuters el principal rival de Karzai, Abdullah Abdullah.