Ya no hay propósito de año nuevo que valga. 2011 llegará acompañado de una novedad sin humo. El día de año nuevo se salva, pero a partir del 2 de enero el tabaco estará vetado en todos los locales públicos de ocio. No se podrá fumar en restaurantes, bares ni discotecas. No habrá distinción entre bares de fumadores y libres de humo. Tampoco cubículos para fumadores. El Congreso de los diputados aprobó el martes la nueva ley antitabaco tras un año de debates y enmiendas. Con ella, España endurece su norma. Además del veto en discotecas y restaurantes, se eliminan los puntos de fumadores en aeropuertos y llega, por ejemplo, la prohibición a las puertas de los hospitales, los parques o los colegios. Se extiende el veto a bingos y casinos.
Estas medidas convierten a España en uno de los países más restrictivos contra el tabaco. Solo algunos estados de Estados Unidos prohíben fumar en determinados lugares al aire libre, veto que no ha llegado a los países de Europa en los que la ley antitabaco funciona desde hace años. La norma española ha estado envuelta en polémica desde el inicio.
Sus detractores sostienen que no cumplirá su función de ayudar a abandonar el hábito a los que quieran dejar de fumar y que, por el contrario, perjudicará al sector de la hostelería, que perderá miles de clientes y puestos de trabajo. También se quejan de un “exceso de proteccionismo” de un Estado–padre al que, dicen, ahora le ha dado por perseguir al fumador. “No se ha contado con los 12 millones de fumadores adultos, que consumen ese producto que nos vende el Estado”, critica Javier Blanco, presidente del Club de Fumadores por la Tolerancia.
Sin embargo, los partidarios de la ley contradicen esos argumentos punto por punto. En Reino Unido, Irlanda o Italia los bares no solo no han perdido clientes con la prohibición, sino que estos han aumentado, asegura la ministra de Sanidad, Leire Pajín. “La ley es necesaria por una cuestión de salud pública. El tabaco mata también a los fumadores pasivos y a los cientos de trabajadores de la hostelería que no pueden elegir si fumar o no fumar”, afirma el presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín.
Una opinión similar a la de Rodrigo Córdoba, del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, que cree que la norma aún vigente desprotege a esos trabajadores: “El tabaquismo pasivo mata. Esta ley no va contra los fumadores, sino que protege a los que no fuman. Un sector de la sociedad está empeñado en cuestionar lo científicamente comprobado: que el humo del tabaco es cancerígeno. Dañino”.
El tabaco es, según datos de Sanidad, la primera causa de muerte evitable en España. Cada año fallecen unas 60 mil personas; mil 500 de ellas son fumadores pasivos. Evitar esas muertes y el catálogo de enfermedades que lleva aparejado el tabaquismo es, según Gaspar Llamazares, diputado y presidente de la Comisión de Sanidad del Congreso, el propósito de la norma. Pero el sector hostelero insiste en que la ley –aplaudida por las sociedades científicas, colegios de médicos, enfermeros y asociaciones de pacientes– impactará negativamente en un sector que genera un 7% del PIB y emplea a 1.5 millón de personas.