[EXTRACTO]

La oposición se une contra Chávez

Los partidos de izquierdas y derechas se presentan bajo un mismo bloque en las elecciones legislativas del día 26 de este mes en Venezuela.

Hugo Chávez y sus leyes electorales han unido a los partidos de oposición de un modo que la ideología no habría logrado. Veintidós organizaciones políticas nacionales y una decena de regionales, de derechas y de izquierdas, se han aliado en un bloque al que han llamado la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para enfrentarse al oficialismo en las elecciones parlamentarias del 26 septiembre próximo.

Bajo el lema “Para vivir y progresar en paz”, la coalición espera ganar poco más de las dos quintas partes de la Asamblea Nacional para reconquistar el terreno político que abandonaron hace cinco años y reestablecer el control Legislativo sobre el Poder Ejecutivo.

“Nuestra alianza no es ideológica. Coincidimos en el modelo de país que propone la Constitución: democrático, descentralizado, de derecho y de justicia”, explica el diputado Ismael García, secretario general del partido Podemos y antiguo aliado del Gobierno.

Se alejó del chavismo en 2007 por tres razones: la reforma constitucional propuesta por Chávez para establecer su reelección indefinida, el cierre del canal Radio Caracas Televisión y la petición de Chávez de que disolviera su partido y se sumara a las filas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). “Creo en un socialismo democrático que atienda a la pobreza y a los sectores productivos. Pero lo que ha impuesto Chávez en Venezuela es un capitalismo de Estado donde el Gobierno controla todo: vende desde carros hasta arepas”, dice García.

La oposición ya había ensayado antes la unidad. En 2002, una pléyade de partidos políticos, asociaciones civiles y gremiales y de organizaciones no gubernamentales que se oponían al Gobierno se unieron en la Coordinadora Democrática. En 2008, estos partidos también suscribieron un acuerdo de unidad nacional para presentar candidaturas a las elecciones de gobernadores y alcaldes que se celebraron en noviembre de ese año.

A las últimas elecciones parlamentarias, en 2005, la oposición no se presentó. Entre los partidos que se enfrentaban al presidente Chávez, triunfó la idea de que retirándose del proceso lograrían “deslegitimar” a la Asamblea Nacional que resultase electa. Pero la expectativa nunca se cumplió. Aun a pesar de una abstención electoral del 75%, el oficialismo se hizo con el Poder Legislativo. Desde entonces, esa mayoría ha dotado al Gobierno de todas las leyes necesarias para construir el socialismo del siglo XXI que propone el “comandante-presidente”, la manera con la que diputados llaman a Chávez.

La MUD ha admitido aquella retirada como un error. Desde mediados de 2009, cuando se fundó, la nueva alianza comenzó a debatir las condiciones de la coalición electoral. Los partidos estaban convencidos de la necesidad de oponer a Chávez un Poder Legislativo autónomo.

Esta vez, la oposición ha logrado consensuar el 98% de las candidaturas a nivel nacional, a través de acuerdos políticos o de elecciones primarias en aquellos municipios donde no funcionó la negociación. Aunque cada partido estará representado por sus propios colores y símbolos en las papeletas electorales, los votos que obtenga cada uno se sumarán a favor de la lista de aspirantes previamente acordada. Los partidos que apoyan al Gobierno se han asociado del mismo modo: el Partido Socialista Unido de Venezuela, el Partido Comunista y la Unión Popular Venezolana conforman el bloque oficialista.

Este esquema polarizado bajo el cual los venezolanos elegirán a 165 diputados a la Asamblea Nacional con sus suplentes y sus representantes a los parlamentos Latinoamericano e Indígena, no es solo reflejo de la división política país. También es la adecuación de los partidos a unas normas electorales que privilegian la representación de las mayorías, en detrimento de las minorías. Gracias a la reforma a la Ley del Sufragio y Participación Política aprobada en diciembre pasado por la mayoría chavista en el Congreso, la alianza de partidos que obtenga el 51% de los votos obtendrá más del 70% de los escaños.

Un voto tampoco vale lo mismo en el campo que en la ciudad: mientras un diputado del despoblado estado de Amazonas requiere solo 20 mil votos para ser electo, uno que se postule por el petrolero estado de Zulia necesitará 400 mil; y es en las zonas rurales del país donde el chavismo cuenta con mayor fuerza. De allí también la necesidad de unirse.

Existe una tercera opción que pretende capitalizar los votos de un 37% de los electores que no se declaran ni a favor ni en contra del Gobierno y que las encuestadoras han bautizado como los “ni-ni”. Esa es la apuesta de Patria Para Todos: un partido de centroizquierda, del que formaron parte varios de los ministros más influyentes del Gobierno y que en 2009 rompió definitivamente de Chávez.


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