Ocho años de trabajo –que se dicen pronto– tuvo que dedicar la escritora, académica de la lengua y catedrática de la Universidad de Panamá, Margarita Vásquez, para ver culminado su Diccionario del Español en Panamá, que presentará el miércoles 22 de diciembre.
El lugar elegido es el escenario de Las Bóvedas, en el contexto del Pecha Kucha Night, un evento que forma parte del festival Hors Serie, que tomará los sitios más emblemáticos del Casco Antiguo hasta el próximo 23.
Al igual que el resto de los participantes, contará con unos 6 minutos para llevar a cabo su introducción a la obra por medio de 20 imágenes, cada una de las cuales se podrá visualizar por 20 segundos.
La única dificultad, señala Vásquez, es su calidad de profesora, que la acostumbró a largas peroratas que, por una vez, tendrá que sintetizar al máximo.
Ya de lleno en el diccionario, aclara que si bien no es un libro institucional, sino un trabajo de autor, sí tiene vocación de convertirse en parte del debate académico, para que también con el sello oficial, sean reconocidas y clasificadas las distintas variantes que los panameños han aportado a la lista de términos del español.
Como en todo pueblo, indica Vásquez que aquellos conceptos que más se reproducen en los ambientes cotidianos son los que acumulan una mayor cantidad de palabras, como ocurre en el caso del agua (como barrejobo –un aguacero repentino– o los golpes –correazo o garnatón–).
Para llevar a cabo esta obra, que contiene 3 mil 360 palabras y muchas más acepciones, Vásquez explica que fue cotejando los panameñismos con el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, para identificar asimismo si aparecían como tales, eran asignados como vocablos de otras latitudes o directamente no se encontraban.
Para sustentar las definiciones, se incluyen ejemplos de su uso ya publicados en los medios más diversos, noticias, editoriales, caricaturas, libros y hasta foros de internet, debido a que en ellos “se escribe como se habla”, afirma Vásquez, lo que permite un registro más sólido que los que solo proceden de un uso oral.
Pocos días después de esta primera vista pública, la catedrática espera que no tarde mucho en llegar a las librerías, en las que se podrá adquirir por un precio aproximado de 15 dólares.
La autora aprovecha para agradecer el apoyo de la empresa privada en esta ocasión, lo que permitió que su libro pudiera alcanzar a ver la luz, debido a que, asevera, comprende que el Instituto Nacional de Cultura está tan sobrecargado en sus funciones, “que resulta difícil conseguir apoyo”.
Aunque pueda parecer mentira por la magnitud del trabajo realizado, no ceja en su intención de seguir ampliando su obra, y narra cómo camino a la entrevista se topó con un grupo de obreros que construían una cerca, lanzando su mente a un torbellino de ideas sobre la búsqueda de la riqueza que entrañan esas prácticas lingüísticas específicas.
Es con especial énfasis en esos ambientes donde Vásquez percibe la diversidad idiomática que permite a los panameños –sin salirse del seno del español– contar con múltiples palabras propias que designen aspectos tan dispares como plantas, peces o lugares, reflejando así su concepción del mundo.

