Es alentador que Jeb Bush, el ex gobernador de la Florida, cuyo nombre es de gran abolengo en el Partido Republicano, levante la voz para advertir que sería “increíblemente estúpido, a largo plazo, ignorar el creciente voto hispano”, y convoque a la creación de una Red de Liderazgo Hispano, para construir vías de acercamiento a la comunidad hispana.
Pero esta no es la primera vez que un puñado de republicanos moderados expresan su intención de acercarse a la comunidad para luego constatar en los hechos que el esfuerzo fracasó porque los radicales no respetan a los latinos y no entienden que a una comunidad tan diversa le convendría mucho ampliar la gama de sus opciones políticas.
Paradójicamente, lo que ha motivado a estos líderes a intentar el acercamiento son los resultados de la elección intermedia. A pesar del triunfo del Tea Party, de la enorme cosecha republicana en la Cámara de Representantes, y del número récord de hispanos republicanos que ganaron un escaño, 7 en total, el dato desolador es que solo el 38% de los hispanos votó en favor de los republicanos.
El senador republicano Marco Rubio no ganó el voto de los hispanos no cubanos de la Florida. La republicana Susana Martínez, la primera hispana que gana una Gobernación en el país, solo tuvo el 30% del voto hispano en el estado de Nuevo México. Así las cosas, para ganar la Presidencia en el 2012 será necesario ganar el voto en los estados donde la población hispana va en aumento: Nuevo México, Arizona, Nevada, Florida y Texas, donde ninguno de los dos partidos domina el panorama político. Pero como bien ha señalado el ex representante federal Lincoln Díaz-Balart, el Partido Republicano no podrá ganar el poder mientras la comunidad hispana considere que está en contra de los inmigrantes.
Bush tiene razón cuando propone el acercamiento desde una perspectiva muy amplia para tratar temas como la educación, el comercio o la economía, pero no estoy de acuerdo con él cuando asegura que los valores de los hispanos coinciden con los valores de los republicanos.
Si ese fuera el caso el balance en la afiliación partidaria no les sería tan desfavorable y los republicanos no tendrían que estar batallando tanto para llamarlos a sus filas. Con quien estoy plenamente de acuerdo es con Díaz-Balart, que dice que lo primero que los republicanos tienen que hacer para ganarse a los hispanos es mostrar que respetan a la comunidad. ¿Cómo? Rechazando las iniciativas del tipo de la de Arizona que demonizan a la comunidad, y que los radicales republicanos están considerando en siete estados.
Otra sugerencia, si son sinceros en su afán por tener una patria segura, no abusen del término “seguridad nacional” cuando alegan que hay que subordinar la reforma migratoria integral al reforzamiento de la frontera sur. Hoy la frontera está más reforzada que nunca con más agentes fronterizos, recursos tecnológicos para detectar cruces ilegales como los aviones sin piloto, bardas y rejas, y recursos económicos.
Recuerden que los terroristas que atacaron en 2001 no cruzaron por la frontera con México ni tuvieron que caminar por los desiertos de Arizona. Entraron con una visa otorgada por el Gobierno de EU, y entre ellos no hubo un solo mexicano, salvadoreño, panameño, colombiano o venezolano.
Si en verdad quieren acercarse a la comunidad hispana muestren su compasión y su inteligencia apoyando el “Dream Act” y no permitan que en su nombre los radicales de su partido sigan en su intento por crear ciudadanos de segunda categoría.
Rechacen públicamente la maniobra para cambiar la enmienda 14 de la Constitución, para castigar a los niños latinos recién nacidos despojándoles de su nacionalidad. Señalar a un grupo de criaturas como indeseable es algo repugnante e imperdonable. Así mismo, todo esfuerzo para acercarse a la comunidad partiendo del respeto al individuo siempre será bienvenido.