El Foro Económico Mundial cerró el domingo su 39 edición en la helada localidad suiza de Davos con muchos preguntándose qué se consiguió realmente durante los cinco días de reuniones de algunos de los máximos dirigentes políticos y económicos del mundo. En sus palabras finales durante una sesión sobre el futuro de la economía, el periodista Martin Wolf resumió en sentir de muchos al afirmar que aunque nadie sabe exactamente qué, algo hay que hacer.
También flotó en el ambiente el mantra de estos tiempos: que algo tiene que cambiar. Los sistemas financieros y económicos deberán ser diferentes, más regulados y controlados. Aunque la gente seguirá enriqueciéndose, la escala de la riqueza debería reducirse. Ante lo que el primer ministro británico, Gordon Brown, calificó de “la primera crisis de la era global”, se subrayó la importancia de las instituciones internacionales y la cooperación global como claves para que se recupere la economía.
El foro estuvo dominado por la economía, pero el evento más popular –al menos por visitas en YouTube– fue el altercado entre el moderador David Ignatius, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, y el presidente de Israel, Shimon Peres, a cuenta de la guerra en la Franja de Gaza.
También jugó un papel la situación de los más pobres, con figuras como Bill Gates y el secretario de la ONU, Ban Ki–moon, llamando a los donantes a ser generosos, a fin de que la recesión no sea devastadora para los que menos tienen, incluso aunque los filántropos enfrenten tiempos difíciles.
Aunque banqueros y políticos probablemente compartieron algunas lágrimas detrás de bastidores al leer el informe del FMI que predice que este año será el de peor crecimiento desde la II Guerra Mundial y que lo peor está por venir, de cara al público mantuvieron las formas. Excepto cuando habló el arzobispo Desmond Tutu en la sesión final. En un discurso que fue de las palabras de aliento a las acusaciones, el líder dejó sumida en lágrimas a gran parte de su audiencia, al acusar a los hombres de negocios de poner los beneficios por encima de la moral, aunque también subrayó que cada persona es una hermosa creación que se merece el paraíso. No fue el único crítico. Hubo indignación con los banqueros y quienes inventaron el complejo sistema que permitió llevar al mundo a la crisis, y con los gobiernos que no reaccionaron rápido.
Pero algunos sintieron que esta es una oportunidad única para construir un mejor sistema, basado en parte en una “economía verde”, justo a tiempo para la cumbre de finales de año en la que los países tienen que aprobar el texto que sucederá al Protocolo de Kyoto. La élite mundial se reunió en Davos para concluir que no sabe exactamente qué hacer, pero, probablemente por una idea que flotó de forma constante en el foro, está decidida a volver a poner la economía en marcha para 2010.
