Quienes realmente dirigen el mundo son grupos de poder ocultos edificados sobre el blanqueo de dinero y el tráfico de drogas y armas, que no dudan en recurrir a atentados con minibombas nucleares para obtener sus objetivos, según afirma en entrevista con EFE Daniel Estulin, escritor y ex agente del KGB.
El imperio invisible. La auténtica conspiración del gobierno mundial en la sombra (Editorial Bronce) es el nuevo libro de Estulin, que descubre los entresijos de estas organizaciones sin escrúpulos, capaces de causar crisis financieras como la actual o de utilizar a los servicios de inteligencia “oficiales” para cometer atentados y sacar beneficio del miedo de la población.
Entre esos ataques con bombas “maletín” basadas en el plutonio, “que no están precisamente en manos de locos islamistas y cuyo origen se remonta ya a los primeros tiempos de la Guerra Fría”, Estulin (Lituania, 1966) cita, entre otros, el desastre nuclear de Chernobil en 1986, el atentado de Oklahoma en 1995 o la destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.
Este último ataque, “un test atómico comunicado con antelación a Rusia y Francia”, señala Estulin, estaba destinado a convulsionar EU y provocar una catarsis que impidiera “su inminente desplome financiero”.
También incluye entre esas acciones nucleares los ataques a las embajadas de EU en Kenia y Tanzania en 1995, a los cuarteles estadounidense y francés en Beirut en 1983 e incluso el atentado en Colombia al Club Nogal en 2003, atribuido a las FARC, y el de la terminal T4 del aeropuerto madrileño de Barajas en diciembre de 2006, reivindicado por la organización terrorista ETA.
Sobre las FARC colombianas, destaca que han sido utilizadas como una marioneta por la CIA estadounidense (uno de los servicios de inteligencia, como el antiguo KGB, instrumentalizados por el “imperio invisible”) para desviar la atención, ligándolas a personajes como el ucraniano Viktor Bout.
Este, detenido en Tailandia y actualmente encarcelado en EU, ha sido el mayor traficante de armas de todos los tiempos y se le ha relacionado con las FARC para una eventual compra de misiles e incluso de material nuclear. “Las FARC, ETA y muchos grupos islámicos autores de atentados contra EU y sus aliados han sido cabezas de turco de operaciones a mayor escala de estas élites clandestinas”, explica el antiguo agente de la contrainteligencia soviética.
Fueron las dimensiones de estas explosiones y multitud de otros datos de la investigación de los ataques los que llevaron a Estulin a dudar de la verdad oficial y a considerar las versiones que en el mundo oscuro de los servicios secretos circulaban sobre armas nucleares de acción limitada.
“El estallido de un automóvil cargado de explosivos como el que fue detonado en Barajas tendría una onda expansiva de 25 metros. Lo que allí vimos en cambio fue un módulo de hormigón borrado de la faz de la tierra”, refiere Estulin, que añade otras características de la explosión más atribuibles a un artefacto de plutonio 239, que a uno convencional.