[IRAK]

El peligroso juego con pólvora

El Parlamento regional kurdo aprobó el 24 de junio el borrador de una Constitución que prevé la inclusión de Kirkuk, una provincia con grandes yacimientos petrolíferos.

Los soldados norteamericanos han desaparecido prácticamente de las calles iraquíes. Ya no hay puestos de control ni patrullas, ni tampoco las redadas que asustaban o hacían montar en cólera a la mayoría de iraquíes desde la llegada de la tropas de Estados Unidos en 2003. El 30 de junio, las Fuerzas Armadas norteamericanas se replegaron a sus bases en las afueras de las ciudades y grandes asentamientos urbanos, tal y como estaba previsto en el acuerdo de estacionamiento de las tropas. La seguridad en la vida cotidiana está ahora solo a cargo de los órganos armados del país. Ese era el caso por ejemplo el último fin de semana, cuando una fiesta religiosa chiita en el mausoleo de Kadhimiya, en Bagdad, se llevó a cabo sin mayores incidentes. Pero no todo va viento en popa en el país.

El gobierno del actual primer ministro, Nuri al Maliki, está en manos de una mayoría chiita. Aunque ello refleja en realidad la composición étnica de los diferentes pueblos iraquíes, las tensiones con los sunitas y en la región autónoma kurda en el norte del país van en aumento. Al Maliki, un chiita, se esmera ahora último por transmitir una retórica del “patriotismo iraquí”, algo que ya le deparó beneficios en las elecciones regionales de enero. Pero varios expertos consideran que detrás del popular eslogan “Irak primero” sigue escondiéndose el antiguo pensamiento centralista.

Se dice que Al Maliki, por ejemplo, no habla desde hace más de un año ni una sola palabra con el presidente regional kurdo, Massud Barsani. Durante su reciente visita a Washington el jefe de Gobierno iraquí, cada vez más confiado de su poder en casa, tuvo que oír de labios del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que Irak podría todavía verse sacudido por “días duros”, sobre todo si la población iraquí, más allá de su procedencia étnica o su religión, no empieza a ver por igual al país como un “lugar floreciente”. “Vamos a trabajar en un plan nacional para que todos los hijos e hijas de Irak sean iguales”, respondió un atento Al Maliki. Los desafíos son enormes. ¿Qué va a pasar por ejemplo con las decenas de miles de milicianos sunitas, provistos con armas y dinero por los estadounidenses desde 2007? Las milicias fueron decisivas en la lucha contra extremistas sunitas y contra la organización terrorista Al Qaida, incluso a pesar de que la mayoría de combatientes había formado parte antes de los movimientos sunitas clandestinos. Al Maliki vacila ahora en integrar a partes de las milicias en las fuerzas de seguridad iraquíes. Con ello, sin embargo, corre el riesgo de que los combatientes vuelvan a alzarse en armas contra su gobierno.

También las relaciones con los kurdos van poco a poco rumbo a una confrontación.


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