[EXTRACTO]

El peor instante de la democracia

Treinta años después del 23-F, ni los españoles parecen haber otorgado un cheque en blanco a la democracia ni la consolidación del sistema democrático es irreversible.

Que la Guerra Civil sigue siendo una de las peores pesadillas de los españoles no es ningún secreto. Dos de cada 10 ciudadanos han llegado a temer una nueva contienda fratricida durante las más de tres décadas de democracia. Y si se les pregunta en qué momento tuvieron esa sensación, uno de cada 10 españoles señala el intento de golpe de Estado del 23-F. Es más: 15 años después de la intentona, más del 40% de los ciudadanos seguían convencidos de que persistían las divisiones que creó la Guerra Civil. Tal vez por eso, la figura del rey aparece como clave en la reconciliación de los españoles en torno a la monarquía parlamentaria: un 70% coincide en que sin la actuación del monarca la democracia no hubiera sobrevivido.

Dicho esto, 30 años después del 23-F, ni los españoles parecen haber otorgado un cheque en blanco a la democracia ni la consolidación del sistema es irreversible.

Es verdad que la democracia continúa siendo la fórmula preferida, a una distancia abismal de cualquier otro modelo, pero también es cierto que el apoyo al sistema ha disminuido, que la insatisfacción es altísima y que, a medida que el pasado queda atrás, las nuevas generaciones se muestran tibias en su fervor democrático. Para empezar, la tendencia al alza en el apoyo a la democracia desde el intento de golpe de Estado de 1981 se ha quebrado en los últimos años.

El respaldo actual sigue siendo casi 10% más alto que en la primera mitad de la década de 1980, pero bajó siete puntos con respecto a su cota más alta, en 2000, cuando casi el 86% de los españoles consideraba la democracia el régimen preferido. Una tasa que coincidió con la mayoría absoluta del PP en los comicios de ese año, como si el sistema hubiese integrado ya a toda la derecha sociológica.

El apoyo a la democracia parece guardar más relación con la situación de la economía. Por ejemplo, el respaldo al sistema creció seis puntos entre 1985 y 1990, en paralelo al despegue económico de esa etapa; retrocedió en similar magnitud entre 1993 y 1995, en coincidencia con la crisis económica, y creció en ocho puntos en los siguientes tres años, por el eufórico crecimiento económico. El retroceso actual, por tanto, puede responder en gran medida a la recesión.

Junto al declive que ha sufrido el respaldo a la democracia entre el conjunto de ciudadanos, aparece otro dato que ensombrece el vigor del sistema en el futuro: la actitud de los jóvenes.

Mientras el apoyo al régimen de libertades roza el 80% entre todos los españoles, cae al 67% entre las generaciones comprendidas entre los 15 y los 21 años. ¿La razón? Seguramente una perversa mezcla de las decepciones del presente y la ignorancia del pasado.


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