Según el Banco de España, el país entró oficialmente en recesión el 28 de enero, lo que indica que en los últimos dos trimestres, la economía registró un crecimiento negativo. No obstante, la gente sigue hablando de crisis –palabra más doméstica y palpable– en toda ocasión y en cualquier sitio: en los ascensores o en la consulta médica, da igual.
El programa de televisión “Tengo una pregunta para usted”, emitido el lunes 26, dio pruebas de la preocupación y… del enojo de los ciudadanos. En dicho espacio, 100 personas elegidas para representar el espectro de la sociedad, interrogan al invitado, que suele ser un político.
Esta vez fue el turno de José Luis Rodríguez Zapatero, que ya había asistido a este foro anteriormente, cuando corrían tiempos mejores. Las preguntas fueron entonces acertadas y anecdóticas, como la del señor que le preguntó al Presidente si sabía lo que costaba un café en la calle y que por cierto no lo sabía. En esta ocasión, sin embargo, fueron lanzadas con onda.
Zapatero no se defendió mal: tuvo respuesta para todos e hizo gala de elegancia, cercanía y humildad. Hay que tener coraje para enfrentarse a un centenar de personas que competían por hacer la pregunta más representativa y a una audiencia que rozó los siete millones de espectadores. Pero eso no basta. Una respuesta no satisface siempre a quien la espera, y era evidente la desilusión en el gesto de los que acababan de recibirla. España vive un momento en que ni la elocuencia del Presidente ni su optimismo congénito sirvieron para poner siquiera una curita en el escepticismo de los españoles allí representados.
Un porcentaje considerable de las interrogantes giró en torno a la crisis económica, que no solo ha traspasado las puertas de empresas e industrias, Pymes y comercios al por menor, sino las de los ciudadanos de a pie, golpeados por el desempleo, que este año rozará el 18%. Un porcentaje exorbitado para la que se supone es la octava potencia del mundo. No pasa un día sin que cientos de trabajadores queden en la calle, entre ellos muchos emigrantes.
Si bien unos tienen derecho al subsidio del paro, según el tiempo trabajado y las condiciones del despido, otros quedan en el desamparo total. Tal es el caso de los despidos en empresas que llaman a concurso de acreedores –lo que antes se llamaba declarase en quiebra– que ni despiden oficialmente a sus empleados, lo que les impide el acceso al subsidio, ni pagan las prestaciones correspondientes al fin de la relación laboral.
Si a esto se añade que la banca no acaba de “soltar” los créditos para que los negocios remonten, y que se sospecha que la ayuda recibida del Estado con la compra de activos no ha servido más que para sanear las finanzas bancarias, es más que comprensible el enfado de los que preguntaban al Presidente, cuyas respuestas al respecto se centraron en tres puntos: la crisis global, el derrumbe del sistema financiero y las medidas que el gobierno ha tomado para paliar la angustia generalizada entre los que menos tienen. No está de más destacar que son muchas las familias en las que hay varios parados.
Es evidente que la situación sobrepasa al gobierno, que sin embargo, mantiene el tipo. A Zapatero solo le cambió el semblante cuando un ciudadano le preguntó sobre el discurso pacifista de su gestión cuando es sabido que España vende armas a Israel. Fue el único momento del programa en que se vio verdaderamente acorralado. No era para menos.
Por lo demás, y muy al estilo Obama, pero sin ser Obama, pues en este mundo más vale caer en gracia que ser gracioso, llamó al esfuerzo de todos para salir de la hondonada. Será el esfuerzo del español medio, digo yo, que ya ha demostrado con creces su espíritu de supervivencia, porque ni soñar con el apoyo del mayor partido opositor. Sumergido en un escándalo interno de espionaje, el PP intenta distraernos lanzando veneno por la boca. Igualito que el perro del hortelano, que ni come ni deja comer.
