Alguien dijo una vez que la edad de la piedra no terminó porque se acabaran las piedras. ¡Aún existen!
En el país dominicano después de la muerte del dictador Trujillo y durante el proceso de apertura a la democratización, algunos muchachos se hicieron famosos por la destreza y la puntería en el lanzamiento de piedras a las fuerzas policiales.
Se convirtieron en imprescindibles en cada una de las manifestaciones de protesta.
En cualquier país de la aldea, las piedras siguen siendo el arma de los participantes en las protestas callejeras para contrarrestar a las fuerzas del orden de los gobiernos.
En los principios, la piedra era algo así a lo que hoy son los misiles. Por supuesto, guardando las distancias. El género se ocupó de hacer de la piedra el arma para su defensa y para su subsistencia.
Con el tiempo, y con lo que hoy se llama inversión en investigación y desarrollo, los “originarios” invirtieron su tiempo y su cerebro en perfeccionar la forma y manera de hacer de la piedra un instrumento más efectivo y con resultados más positivos en el logro de sus objetivos.
Esas tecnologías “piedrísticas” se pueden ver en algunos museos antropológicos globales.
Con la aparición de los metales, los herreros se convirtieron en los hacedores de espadas, escudos, armaduras (¿chalecos anti-balas?), carros de guerra (¿carros de combate?) y esa nueva categoría de armas implicó un salto cualitativo extraordinario en toda la estrategia de la guerra.
La aparición de la pólvora se acompaña de una leyenda. Se cuenta que fue un monje quien la llevó a Europa y se lo comunicó al abad de un monasterio donde pasó la noche. Al siguiente día el abad, al despedir al huésped, pudo comprobar que debajo de la sotana del monje le asomaba un rabo peludo. Era el mismo diablo que había llegado a sembrar el caos para siempre.
También cuentan que las primeras mezclas de pólvora china contenían sustancias tóxicas. (¿Guerra química?). Un nuevo proceso de cambio de toda la estructura militar y de hacer la guerra.
En tiempos de hoy, el arma nuclear, las armas biológicas y químicas y las armas de destrucción masiva son las más recientes armas producidas por los del género.
Pero como los del género tienen cerebros, la búsqueda de nuevas formas para debilitar al enemigo prosigue y una nueva arma hace su aparición.
En días recientes, el portavoz policial del grupo terrorista Hamas, Islam Shahwan, anunció a los medios de comunicación el descubrimiento de dos nuevos tipos de arma de destrucción masiva.
El primer tipo se presenta como un chicle y en el segundo en grageas.
Se trata de dos afrodisíacos introducidos de contrabando por una banda de palestinos a través de los puestos fronterizos entre Gaza e Israel.
Las fuerzas de seguridad palestinas acusan a los servicios de inteligencia israelíes de estar detrás de esta nueva arma mortal con el objetivo de corromper a las nuevas generaciones, principalmente a las mujeres.
La sexualidad, ¿la piedra filosofal?