[ESTUDIO]

El placer de beber

Un estudio realizado en la clínica Ernest Gallo de la Universidad de California, Estados Unidos, acaba de confirmar una sospecha que los neurólogos, los médicos especialistas en adicciones y las autoridades que se encargan de prevenir los accidentes en la carretera tenían en mente: que el consumo de alcohol podría controlarse si se identificasen los mecanismos cerebrales responsables del efecto euforizante de la bebida cuando se produce de manera moderada; es decir, antes de que lleve al estado de ebriedad.

El trabajo está firmado por Hong Nie, de la clínica californiana, en colaboración con científicos del Centro Wheleer de neurobiología de la adicción, de la misma universidad, y ha aparecido esta semana en la edición electrónica de los Proceedings of the National Academy of Sciences.

La estrategia utilizada por Nie y sus colaboradores ha sido la de identificar receptores que intervienen, activando respuestas positivas frente a la ingesta de bebidas alcohólicas para desactivarlos y comprobar cuál es el resultado. Los receptores hacia los que se ha dirigido la atención son los correspondientes al ácido gamino butírico (Gaba), una sustancia cuyo papel como inhibidor de las señales neuronales era ya conocido. En noviembre del año pasado se relacionó el bloqueo del Gaba en ratones transgénicos, con una recuperación mejor de las funciones perdidas tras los episodios de accidente vascular en el cerebro, los ictus.

Ahora se da un paso en otra línea. Las subunidades delta de los receptores Gaba son necesarias para que el alcohol produzca los efectos que conducen a animarse a beberlo. Mediante una infección vírica que afecta a esas unidades en una parte en especial del cerebro, el nucleus accumbens, se produce una disminución notable en el consumo de alcohol. El experimento del equipo californiano pone de manifiesto por añadidura que el desplome de los receptores delta-Gaba produce un bloqueo específico respecto a los contenidos en alcohol; ese mismo procedimiento no reduce la ingesta de una solución de azúcar.

La buena noticia es patente en sí misma, sin necesidad de mayores precisiones. La mala se refiere a los sujetos de experimentación: ratas de laboratorio a las que se da la posibilidad de autoadministrarse bebida alcohólica. Dicho de otro modo, las aplicaciones prácticas del hallazgo de Nie y colaboradores se refieren a la conducta adictiva de esos roedores: un aspecto de gran interés para la ciencia, pero con muy escasas posibilidades de provocar euforia en las autoridades que intentan ordenar el tráfico.

Falta por averiguar en qué medida los mecanismos de inhibición de la tendencia al consumo de cerveza, vino y licores son parecidos o diferentes en nosotros, los humanos. Otras veces se ha cantado victoria antes de tiempo, como sucedió al identificarse un gen relacionado con la obesidad mórbida en ratones. Se comprobó más tarde que no hace nada semejante en las personas.


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