El Día Internacional de la Mujer conmemora la lucha incansable de las mujeres en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo, a lo largo del mundo, sin importar las diferencias étnicas, culturales, lingüísticas, económicas y/o políticas. Esta lucha sigue.
En nuestro país, pese a los avances que hemos logrado como sociedad en materia de equidad de género, es importante visibilizar aquellos estigmas sociales y tradiciones culturales sobre el rol de la mujer en el ámbito familiar, social y laboral, los cuales crean barreras reales para el desarrollo y desempeño de la mujer dentro de la sociedad panameña. Barreras que se afrontan desde temprana edad; muestra de ello es la deserción escolar de niñas y adolescentes mujeres, basado en las limitaciones de acceso socioeconómico, territorial y oferta académica, a la cual se suman el estigma social de la mujer como encargada del hogar y la vulneración de la niñez ante embarazos tempranos y/o eventos de violencia de género en sus vidas.
Según datos del Ministerio de Educación citados por el Informe de Situación de la Niñez en Panamá (Unicef, 2019), existe un balance de género en la cobertura escolar en el nivel inicial y primario, mientras que la cobertura educativa en los niveles promedio y medio está liderada por niñas y adolescentes mujeres. Sin embargo, se ha identificado que las niñas y adolescentes mujeres fuera del sistema educativo tienen mayores desafíos para su retorno académico, debido a que el 50% del grupo entre 15 y 24 años de edad está dedicado a trabajos no remunerados.
Por otro lado, la República de Panamá es el cuarto país de América Latina y el Caribe con mayor número de embarazos adolescentes, situación que ha sido agravada producto de la pandemia. En el año 2020, se reportaron 9,724 embarazos no deseados en niñas y adolescentes entre 10 y 19 años de edad, dejando al descubierto una realidad alarmante sobre la vulnerabilidad de la niñez ante delitos sexuales y la necesidad de una educación sexual integral.
Durante la adultez, las barreras se mantienen en el mercado laboral, la participación de las mujeres es inferior a la de los hombres y su tasa de desempleo es superior. Es decir, que pese a mantener una cobertura escolar superior, las mujeres siguen manteniendo menos participación laboral, mayor tasa de desempleo y mayor dedicación de tiempo al trabajo no remunerado con respecto a los hombres, de acuerdo con la Encuesta del Uso del Tiempo (INEC,2011).
Las mujeres dedican al trabajo no remunerado un promedio semanal de 29.9 horas y los hombres, un promedio de 14.2. Esta situación no solo refleja la falta de equidad en el desempeño de las labores no remuneradas en nuestro país, sino que crea una tercera jornada laboral para las mujeres en actividades de cuidado, con agravante en jefas de familias monoparentales.
En países desarrollados y otros de la región se han establecido políticas públicas en aras de reducir esa brecha de género y poder superar esta barrera, la cual en muchos casos impide la incorporación y desempeño de las mujeres en el mercado laboral. Entre ellas podemos mencionar las políticas de cuidado, de maternidad o de conciliación laboral.
Como dije anteriormente, esta lucha sigue y nos corresponde a todas las mujeres y hombres visibilizar los esfuerzos y barreras reales que existen en nuestra sociedad y el mundo, para el establecimiento y formulación de políticas públicas, con perspectiva de género, las cuales permitan a generaciones futuras tener mayores oportunidades y una equidad de género en todos sus ámbitos, sin dejar a nadie atrás.
Finalmente, felicitar a todas las mujeres, en especial a aquellas profesionales que, aun con todas las barreras existentes, se han posicionado como líderes del país y de la región, para el sector público y privado. ¡La representación no solo es necesaria, sino que también brinda esperanza!
La autora es abogada

