Me cuesta trabajo comprender el desparpajo, la falta de responsabilidad, el desinterés y la falta de compromiso con el país de algunos funcionarios que, afortunadamente, están terminando su período, aunque al mismo tiempo también están terminando con los recursos públicos.
Pareciera que el partido en el poder se hubiera organizado para hacerle inviable la gestión al gobierno del licenciado Ricardo Martinelli. Ha utilizado cuanta artimaña y marrumancia hay disponible –y es obvio que se las conocen de todas todas– a fin de dejar limpias las arcas del Estado y lo ha hecho de forma egoísta, complaciente y politiquera, sin la menor consideración con los panameños y panameñas, niños y ancianos, a quienes se comprometieron a servir cuando asumieron el cargo público.
Es inaudito que, a pesar de que el Gobierno actual contó con gran cantidad de recursos económicos, deje al país sumido en desastrosas condiciones de seguridad, educación, salud, transporte, infraestructura, amén de escándalos de corrupción y dilapidación de fondos públicos en proyectos inconclusos donde solo en Darién fueron por el orden de los 80 millones de balboas y, de ñapa, se haya dedicado en los últimos días de su agónico final a acabar con cualquier otro recurso, incluyendo la carrera administrativa.
Han colocado a sus secuaces en puestos de carrera administrativa sin tener los méritos, y regalado a transportistas pasos gratis por autopistas en un intento por quedar bien, cuando el regalito lo tendremos que pagar todos los contribuyentes. Han aprobado leyes que comprometen los recursos del Canal de Panamá más allá de esta gestión gubernamental, con desprecio a necesidades prioritarias de la población, solamente para atender el clientelismo político.
Aún más absurdo es que ya haya gremios hablando de huelga por las leyes recientemente aprobadas, cosa que debe importarle un comino al presidente Torrijos, quien en pocos días se habrá bajado del barco y si hay amenaza de hundirse, pues serán otros los que se ahoguen. El problema lo tendrá la nueva administración, la cual deberá enfrentar el problema que repudian tanto como aquellos irresponsables que están considerando la huelga. La verdad es que no entiendo esta lógica “cantinflesca” de algunos gremios.
Los retos del nuevo gobierno son colosales y se presentan desde el inicio de su gestión. No solo les tocará gobernar, tendrán que enmendar entuertos, reorganizar las instancias para que funcionen y conseguir los recursos que les permitan cumplir sus planes y promesas de gobierno. Si el licenciado Martinelli adecenta el gobierno y predica con el ejemplo, estoy seguro de que tendrá todo el respaldo del pueblo.
Winston Churchill dijo que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Licenciado Martinelli: su reto será erigirse en estadista para todos los panameños.
