Flor Aguilera García
El séptimo arte siempre ha tenido presente a la poesía en más de una forma.
Por ejemplo, en el cine se habla de imágenes poéticas cuando hay escenas que tienen una condición plástica y etérea.
Por otro lado, más de una película de ficción, y ni hablar de los documentales, se ha concentrado en la vida, en la obra y en legado de los poetas más sobresalientes de la historia de la humanidad.
Y más de un bardo, del italiano Pier Paolo Pasolini al uruguayo Mario Benedetti, ha combinado su oficio de escritor con pasar a las filas de la dirección, el guionismo, la actuación o cualquier otra profesión relacionada directamente con la industria fílmica.
Por eso, no es de sorprender que el mundo cinematográfico impulse a un autor a rendirle honores a sus películas favoritas a través de los versos. Eso es lo que hace precisamente la artista Flor Aguilera García en su meritoria y acabada obra ‘Cincuenta y cinco cuadros por segundo’ (Editorial Praxis).
En su poemario rinde culto a un puñado de títulos que le han calado en su mente y en su corazón, en sus recuerdos y en su inspiración.
Así Flor Aguilera García usa el contenido de la trama o un instante del filme o el desenlace de una película para, a partir de allí, crear poesía sentida, de hondo palpitar filosófico.
Ese acertado experimento lo hace con producciones clásicas como ‘Mi bella dama’, ‘El Padrino II’, ‘Rocco y sus hermanos’, ‘West Side Story’ y ‘El último tango en París’ hasta películas igualmente importantes, pero más recientes en la memoria de los cinéfilos como ‘Magnolia’, ‘La joven con arete de perla’, ‘Amelie’, ‘Todo sobre mi madre’, ‘Barton Fink’ y ‘Perdidos en Tokio’, entre otras.
Del Autor:
Como novelista, esta mexicana ha publicado ‘Diario de un ostión’ y ‘Mi vida de rubia’. En su lado poético es la responsable de obras como ‘El último vuelo fue a Shanghai’, ‘El sacrificio de los lirios’ y ‘Cincuenta y cinco cuadros por segundo’.
