[IMPOSICIÓN]

La ‘sharia’ se extiende por Pakistán

No hace falta salir de Islamabad para encontrarse con los islamistas que pretenden la imposición de la sharia (ley islámica) en Pakistán. Con la inesperada y sorprendente puesta en libertad del maulana Abdul Aziz la semana pasada, la Mezquita Roja de la capital ha vuelto a convertirse en el faro ideológico de los extremistas, sin haberse cumplido dos años de la sangrienta confrontación que las fuerzas de seguridad libraron contra sus seguidores.

En su primer sermón después de estos meses de arresto domiciliario, Aziz pidió sin ningún recato el establecimiento de la sharia en su país y en el mundo. El clérigo, que en julio de 2007 fue detenido cuando intentaba huir del asalto a esa mezquita disfrazado con un burka, aseguró que la suya era una lucha pacífica, pero también dejó entrever que no descartaba apelar al uso de la fuerza.

“Si el Gobierno quiere paz y estabilidad, debería adoptar el sistema (jurídico) islámico”, declaró. “Pero si elige la senda de la agresión y la fuerza, agravará la situación”, añadió en una poco velada amenaza ante la multitud de enturbantados que le jaleaban en medio de estrictas medidas de seguridad. La policía había rodeado con alambre de espino todo el perímetro de la mezquita y mantuvo una discreta vigilancia de las plegarias.

El maulana, tratamiento de respeto que en el subcontinente indio y Asia central se antepone al nombre de los graduados de las escuelas coránicas, negó que haya hecho pacto alguno con las autoridades, a pesar de que aún tiene 26 causas abiertas. Aziz apoyó junto a su hermano y asistente, Abdul Rashid Ghazi, el ascenso al poder de los talibanes en el vecino Afganistán durante la década de 1990. Para 2007 ambos estaban empeñados en convertir Pakistán en un Estado islámico en esa misma línea.

De hecho, en los meses que precedieron al choque con las fuerzas de seguridad, en el que Ghazi resultaría muerto, almacenaron armas en el recinto de la mezquita y enviaron a grupos de estudiantes de su madraza en misiones morales contra videoclubs y presuntos prostíbulos, en una clara provocación al Gobierno. Un centenar de personas murió en el asalto que siguió a esa demostración de fuerza de los islamistas y que marcó un aumento de los atentados en todo el país. Aziz se refirió a ellos como mártires e instó a otros a que sacrifiquen su vida por el islam. De ahí que los observadores teman que su libertad para predicar inspire un nuevo estallido entre sus seguidores, que incluyen numerosos miembros de grupos extremistas y sectarios ilegalizados.


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