La malaria es la enfermedad que azota de manera cruel a los humanos, con un millón de muertos cada año. Tres mil de ellos son los niños que fallecen a causa de la malaria a diario. Si fuese una lacra de los países avanzados, haría mucho tiempo que se habría dado con una vacuna eficaz. Pero el entorno de infección, ligado a los trópicos –es un mosquito el que transmite el germen–, hace que la indiferencia haya sido bastante generalizada hasta hace poco. Ahora, al menos, ya se cuenta con una explicación acerca del origen de la enfermedad. Y el resultado ha sido noticia en todos los periódicos, porque resulta que es bastante probable que la malaria nos la contagiasen los gorilas.
Pero hay más. Como explican Weimin Yiu, del departamento de medicina de la Universidad de Alabama en Birmingham, y sus colaboradores –que son quienes han publicado en la revista Nature su hallazgo–, las dos especies de chimpancés, los gorilas y los humanos sufrimos la infección de al menos nueve tipos distintos de Plasmodium, el microorganismo que causa la malaria.
Pues bien, el estudio del DNA nuclear y mitocondrial de esos parásitos pone de manifiesto que hay diferentes linajes de evolución de los Plasmodium, de forma que el P. falciparum –responsable de la malaria humana– solo lo comparte nuestra especie con los gorilas occidentales y no con los orientales, con los bonobos o con los chimpancés comunes. Es más, la infección debió ser relativamente reciente en términos evolutivos, sin que tampoco sea posible detallar con exactitud si fueron los gorilas los que nos la transmitieron o nosotros los causantes del desaguisado.
Podría sorprender que una enfermedad así cruce la barrera de las especies, tan eficaz a menudo para evitar el salto de infecciones. Pero con los parásitos, tenemos al menos un ejemplo más de ese contagio entre gorilas y humanos. Todos los primates y la mayor parte de los mamíferos cuentan en cada especie con un único tipo de piojo que parasita la piel. En el caso de los humanos son tres: los del cabello, la vestimenta y el pubis. La razón de esa diversidad tiene que ver con la pérdida de pelo corporal durante la evolución de nuestra especie, que redujo las zonas más pobladas a la cabeza y el pubis. De ahí que quedasen zonas libres y aisladas a las que se trasladaron nuevos parásitos.