[EXTRACTO]

A la sombra de Bush

La administración Obama puede jactarse de haber cumplido la promesa de retirar antes del 31 de agosto de 2010 todas las tropas de combate de Irak. El logro, no obstante, es el resultado de la estrategia bélica puesta en marcha por su antecesor, el republicano George W. Bush, antes de abandonar la Casa Blanca.

El denostado Bush, sentenciado tras su marcha como uno de los peores presidentes de la historia y repudiado por demócratas y republicanos, sigue marcando la política estadounidense. Y no solo en el caso de Irak.

Bush se ha convertido en el arma arrojadiza que los demócratas lanzan contra los republicanos ante las elecciones legislativas de noviembre, elecciones en las que los primeros se exponen a perder la mayoría en el Congreso. Casi dos años después de la victoria de Obama, la estrategia de su partido pasa ahora por señalar que, si la economía va mal, es culpa de las políticas del anterior presidente.

También los conservadores reniegan de Bush, porque consideran que con su despilfarro presupuestario traicionó los principios de la derecha y dañó la marca republicana.

Nadie añora a Bush, y él se ha mantenido apartado de las querellas políticas, lejos de Washington, en Texas. Incluso ha tenido la delicadeza de programar la publicación de sus memorias para después de las legislativas.

Nadie lo añora, pero su legado perdura. Así lo cree el historiador de la Universidad de Princeton Julian E. Zelizer, editor y coautor de La presidencia de George W. Bush: una primera evaluación histórica, una colección de ensayos que se publicará este otoño en Estados Unidos.

“En política todo el mundo subraya el cambio”, dice Zelizer. “Pero normalmente hay más continuidad que rupturas radicales, aunque solo sea por lo difícil que es cambiar las cosas en nuestro sistema político”.

El historiador señala que la reforma del sistema sanitario y la regulación financiera, así como el tono multilateral en las relaciones exteriores, sí representan un giro respecto a Bush. Pero enseguida enumera ámbitos donde la continuidad entre Bush y Obama es evidente: desde la concentración de poder en la institución presidencial, que Bush promovió tras el 11-S, y que Obama ha mantenido, hasta la guerra de Afganistán, pasando por las políticas antiterroristas y el rescate bancario.


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