En alguna época atrajo la admiración de los vanguardistas de la moda en Occidente, las bromas de comediantes en el ámbito nacional y el extranjero, y la ira más bien impotente de defensores de los derechos animales.
El sombrero de Hamid Karzai, si bien aún está firmemente sobre la cabeza del presidente afgano cada vez que aparece en público, ya no es el símbolo, por mucho, que solía ser.
Conocido como el sombrero caracul, hecho de la felpa de ovejas fetales o recién nacidas de la raza de borregos caracul, tradicionalmente era algo usado por tayikos y uzbekos del norte de Afganistán. Cuando Karzai, pastún del sur que usa turbante, asumió el cargo en 2002, el sombrero caracul formaba parte de su intento por crear un guardarropa que fuera afgano, más que étnico o regional.
Fue una maniobra elogiada ampliamente en su momento, en Afganistán y en el extranjero. El diseñador británico Tom Ford se refirió al presidente afgano diciendo que era “el hombre más chic del planeta”. Los afganos que buscaban símbolos nacionales tras décadas de conflicto étnico inspiraron un pujante negocio en los sombreros, hechos de pieles de oveja de Mazar-i-Sharif en el norte, modelados por sombrereros de Kabul, cuyas tiendas se formaban a ambos lado del camino Shah-e-do Shamshera Wali.
Ahora, una manchada elección presidencial después, y con el titubeo de los esfuerzos por hacer un verdadero gobierno multiétnico, ya desapareció el brillo del brillante tocado de piel.
Los hombres jóvenes ya no lo usan; el oponente de Karzai en el abortado desempate electoral, Abdulá Abdulá, quien es del norte, prefirió una combinación de traje y corbata, sin sombrero. Solamente 12 tiendas de sombrereros siguen abiertas en el camino Shamshera. Las que aún permanecen dicen que tienen suerte si venden un sombrero al día.
“Regresé a mi aldea en Logar con mi sombrero caracul puesto”, dijo Ahmed, afgano cincuentón, quien estaba en busca de un nuevo sombrero, y la gente se rió, Ahí va el viejo que se cree presidente”. No quedó en claro qué le había ofendido más, “si lo de viejo o lo de presidente”.
“Quizá Hamid sea el único tipo en Afganistán que usa ese tipo de sombrero en particular”, decía un comentario publicado en un sitio satírico de internet, Ridiculopathy.com, pero igualmente, “el puntiagudo sombrero de lana ha llegado a simbolizar el país para el resto del mundo”.
Justamente de la forma que el sombrero de Karzai es más que un sombrero, la reacción en contra de él es más que un mero capricho de la moda. “Habría sido mejor si él sencillamente usara un turbante. Habría sido más honesto”, dijo Rahnaward Zariab, novelista y comentarista cultural en Tolo TV, en Kabul. En vez de hacerlo, engañó a la Nación. El atuendo de Karzai ya no tiene significado; ya no es un símbolo. “Ahora estamos viendo sus acciones, y es claro que es un pastún”.
Zariab se quejó de que había relativamente pocas personas que no fueran pastunes en el nuevo gabinete de Karzai, que aún debe ser aprobado plenamente por el parlamento.
Los esfuerzos por solicitar un comentario del presidente en torno a su sombrero no tuvieron éxito, y generaron cierta molestia. “Todo lo demás está acabado”, dijo su portavoz, Waheed Omer. “¿Y ahora va a escribir sobre el sombrero?”.
En una ocasión el mismo Karzai, en una ceremonia militar en Kabul, explicó su afecto hacia los sombreros caracul. “Los uso porque son muy, pero muy afganos”, dijo, con base en una versión de Prensa Asociada. Y si se ve bien, mucho mejor”. Entre los sombrereros, cuando menos, el Presidente aún recibe magníficas críticas por su buen gusto. Además, es uno de sus mejores clientes.
El afecto de Karzai por el sombrero caracul es tan fuerte que, si se cree en las versiones de algunos sombrereros, él ha comprado docenas de ellos desde que asumió la presidencia. Sayed Habib Sadat, propietario de una de las tiendas restantes de sombreros, dice que le ha vendido a Karzai 15 sombreros caracul con diversas alas, mayormente en el gris oscuro que él prefiere, pero también algunos negros, así como otros en tonos de marrón y blancos.
El Presidente está uniendo las viejas tradiciones y mostrándole a la gente: “soy afgano. Estoy usando mi propia tradición”, dijo Sadat. “Ha sido positivo para él, y para nosotros”.
Los sombreros caracul no son baratos; los buenos cuestan varios cientos de dólares, y se dice que algunos han costado hasta 3,000 dólares.
Los más caros son particularmente suaves y planos, con la textura de la seda moiré y una tela aterciopelada, dispuesta en finos patrones de crestas. A veces esas crestas parecen deletrear el nombre de Alá en árabe, la Kalimá o declaración musulmana de fe. “No hay Dios sino Dios y Mahoma es su profeta”, lo cual las vuelve incluso más queridas.
Eso, sin embargo, no las vuelve queridas para las autoridades religiosas. Debido a que la oveja no es sacrificada en la forma prescrita por el islam, el sombrero e incluso la carne de la oveja de la cual está hecho son haram, o prohibidos.
Cuando Karzai ordena un sombrero, los sombrereros son convocados al palacio presidencial para medir su cabeza personalmente. Cuando le hice un sombrero por primera vez, “su talla era 22.5 pulgadas”, comentó Sadat. “Ahora es 23.5 pulgadas”.
Otros sombrereros informaron de medidas similares, más o menos media pulgada. “A los presidentes se les hincha la cabeza”, notó Sadat.