Principio por no excluir a ninguna ciudad con potencialidades de desarrollo del derecho a exigir su propio aeropuerto, sin embargo, es sabido que como ésta son muchas las obras y problemas que necesitan atención y solución urgente pero es poco probable que el Estado le pueda cumplir a cada ciudad. Tal vez por ello se esté trabajando al mismo tiempo en numerosas soluciones estructurales para la economía, las finanzas, la salud, el sector agropecuario, la educación, los grandes problemas sociales y de seguridad, y no con menos interés para las obras de infraestructuras atrasadas o en mora de construirse para la modernización del país.
Una de ellas, a lo mejor la más importante, después de las ya esgrimidas o puestas en marcha por el Gobierno, es la construcción de un aeropuerto en algún punto de las provincias centrales o de la península de Azuero. Ya dije que de este proyecto no excluyo a ninguna por cuanto todas lo necesitan como una opción natural para su desarrollo económico. Del mismo modo, la necesidad sentida de surcar el país de vías férreas o de interconectar por carreteras confiables a Coclé y Colón, a Bocas del Toro con Veraguas, a Coclé y Colón y a Panamá con Darién, así como a nuestro país con la hermana República de Colombia para potenciar la actividad económica.
Entiendo que el Estado no cuenta con los recursos para abordar todas estas necesidades, por más desarrollo económico y social que plantee la obra, no obstante habrá que elegir en dónde ha de construirse el aeropuerto que ha definido el Gobierno. Para ello deben evaluarse no solo la factibilidad económica sino las posibilidades técnicas y las oportunidades logísticas, estratégicas y de versatilidad que ofrece cada ciudad. Además habrá que tener en cuenta los terrenos, topografía, asuntos climatológicos, etcétera.
En ese sentido, la ciudad con mayor oferta es Penonomé. La llamo “la ciudad más recursiva del interior del país” justamente por toda la gama de recursos estratégicos que brinda. Penonomé es el centro geográfico del país, eso la convierte en ciudad equidistante con cualquier otro punto, con los nuevos polos de desarrollo turísticos de playa, valles y montañas, y de ella con la ciudad capital. Penonomé cuenta con más de una docena de bancos y financieras que pueden brindar servicios a cualquier viajero igual que cualquier capital del mundo. No en menor cantidad y calidad es la capacidad hotelera, restaurantes, almacenes locales y de sello nacional.
Los servicios turísticos en general no se quedan atrás. Posee además radioemisoras y hasta un periódico local. Se puede decir que Penonomé está en la cresta del desarrollo e irradia beneficios para sí y para todas las ciudades del interior, lo único que falta es el aeropuerto, que sin duda alguna tendrá mayor impacto favorable. Adicionalmente, en cuanto al relieve de Penonomé, si bien está compuesto por montañas al norte, también posee una vasta extensión de llanos al sur que llega al 40% de la extensión total del distrito. En estas llanuras a las que me refiero, los Llanos de Coclé como se les conoce, y a pocos minutos del centro de la ciudad, Penonomé cuenta con más de 300 hectáreas de tierras patrimoniales del Estado, constituidas en cinco fincas adyacentes y registradas (ver archivos catastrales), sin un uso claro o rentable, lo que nos hace pensar que pudieran ser útiles para un proyecto de aeropuerto como el que desea el Gobierno.
El país necesita un aeropuerto alterno, con el que no cuenta para atender las emergencias aéreas, por lo que las autoridades aeronáuticas ante cualquier percance desvían los vuelos a Colombia o Costa Rica. El aeropuerto Internacional de Penonomé estaría a 30 minutos máximo, bien de Tocumen en la capital o del Enrique Malek en David. Entonces, aterricemos, el Gobierno debe ponderar las ventajas que ofrece Penonomé y tomar una decisión sin apasionamientos, pero consecuente con el panorama.
