Hoy el criollismo se lo dejo a Panorama. En vez, oteo el panorama paranormal de la politiquera electoral de Estados Unidos.
Porque primero, leo en una nota de hace unos meses, de The Atlantic (revista superlativa), que parece que Sarah Palin, la caricaturesca candidata del partido republicano del país de los yanquis, tuvo una época dorada mientras fue gobernadora de Alaska, antes de que comenzara a ver a Rusia desde la ventana de su casa, y de que se tomara el Kool-aid que le tienen que haber dado McCain & Co.
¿Prueba fehaciente? Acaba de felicitar al ex presidente George W. Bush por lo de Bin Laden.
Lo del Kool-aid es un dicho viejo que proviene de una horrenda masacre que hasta la de Al Qaeda fue la peor infamia de la historia estadounidense: Jim Jones, un desquiciado que cambiaba de convicciones religiosas y políticas como yo cambio de canal de tele, terminó formando una comunidad evangelista, la mudó a Guyana (sí, la de Sudamérica) a una comunidad que con plena modestia llamó Jonestown, y asesinó a 900 hombres, mujeres y niños a punta de un coctelito de Kool-aid morado y cianuro, en noviembre de 1978.
Drinking the Kool-Aid, o “tomarse el culéi” como le decíamos al polvito saborizado, llegó a significar convertirse en un firme creyente de algo, tragándose enterita una filosofía o un argumento, sin reparar en absurdos ni hacer análisis crítico del mismo. Y así, por extensión, se dice de X deschavetado que “se tomó el culéi”. Y para mí, los republicanos radicales de ultraderecha, o los que pusieron al morón de Bush y al retorcido de Cheney en el trono del mundo, pues se lo tomaron, en tamaño Cinemax.
Y ahora resulta que otros toman té. Me refiero al Tea Party movement, un rollo que inició hace unos 3-4 años (el nombre alude al levantamiento del siglo XVIII en que algunos colonos de Boston volcaron los cargamentos de té de la corona inglesa a la bahía, en protesta por el alza de impuestos) que abogan por el “minarquismo” o sea la mínima intervención del Estado, el “originalismo” o sea la interpretación de la Constitución sin enmiendas, la baja de impuestos (fíjate, a eso no me opongo, jaja), y otros rollos que bien pueden remontarse al primer libro del Pentateuco, al que se adhiere la antedicha Palin. Ahora resulta que Newt Gingrich, un líder del GOP (quien durante el incidente Clinton-Lewinsky chillaba ¡adulterio! mientras quemaba a sus dos primeras esposas), anuncia que busca la chamba de Obama para el 2012. Pero para llegar a la nominación republicana, necesita un sherpa para trepar sobre el ego de Donald Trump, quien comparte la ilusión del metecuernos. Bueno, como decía el estribillo del comercial de tele aquel de mi juventud: “Culéi, culéi p‘a ti, culéi, culéi p‘a mí”.
