Por definir, que no quede. Marcos Ezquerra escribe sobre el neoliberalismo en Cinco Días con todos los tópicos políticamente correctos y alguna fatal arrogancia, como la de definir el neoliberalismo como la doctrina que propone reducir las cotizaciones sociales ¡pero aumentar los impuestos indirectos!
He sostenido en alguna oportunidad que el neoliberalismo o bien quiere decir el liberalismo de toda la vida –el de la libertad individual, la propiedad privada y los contratos voluntarios–, en cuyo caso el prefijo es prescindible, o bien quiere decir cualquier cosa. Por ejemplo, el señor Ezquerra asegura que Bush fue neoliberal, con lo que habrá que concluir que el neoliberalismo propicia una subida espectacular del gasto público. O sea que viene a ser como el socialismo. Todo vale. A veces los progresistas definen sin titubear al liberalismo como la doctrina que recomienda bajar los impuestos, ¡pero solo a los ricos!
También asegura don Marcos que la crisis se debió al liberalismo, con lo que cabe sospechar que no se ha tomado la molestia, por ejemplo, de mirar qué ha sucedido con los impuestos y las regulaciones. Y sobre impuestos no tiene don Marcos dudas: define la subida de los impuestos indirectos como algo injusto y regresivo, porque los impuestos indirectos son iguales para todos los ciudadanos. Esta opinión está extendida entre el pensamiento único, aunque no deja de ser un llamativo indicador de distorsiones contemporáneas: se llama injusticia a la igualdad.
Soares resuelve la crisis. El líder socialista portugués Mario Soares escribe en El País que para resolver la crisis las recetas son: “la ruptura de raíz con el pasado económico neoliberal y el inicio de una nueva era, como ha dicho Barak Obama, con el predominio de la política sobre el economicismo, el restablecimiento de los principios éticos, el castigo de los responsables de los grandes escándalos bancarios especulativos, la abolición de los paraísos fiscales y de las retribuciones y bonus millonarios concedidos a los administradores y gestores de las grandes empresas”.
Se supone que el economicismo es el apego desmedido a lo material, el egoísmo, etc. Pero si esto fuera así, entonces la forma de neutralizarlo es el espíritu y la generosidad. Don Mario Soares, en cambio, no habla de eso sino de política, es decir, de la coacción. Quiere que predomine la política sobre la libertad.
El restablecimiento de los principios éticos es otro camelo, porque sospechosamente nunca hablan los políticos de la corrupción política. No. Ese mundo es impecable y los malos son los ciudadanos libres. Otra vez, la solución es que no lo sean.
Otro tanto vale para los malvados especuladores de la banca, porque Soares no hace ninguna referencia a la banca más importante, la banca responsable de la especulación, la burbuja y la crisis, la banca de los políticos, la banca central.
La abolición de los paraísos fiscales, por su parte, es una propuesta que apenas oculta la verdadera intención: subir los impuestos con más tranquilidad.
Regular los sueldos y primas de los ejecutivos es otra consigna demagógica al uso. Ya existe la forma de regularlos: el mercado. Pero eso es lo que el señor Soares y la izquierda abominan: la libertad.