El derribo premeditado de las avionetas de Hermanos al Rescate, en 1996, así como los acuerdos antirreformistas adoptados seguidamente por el V Pleno del Comité Central del Partido Comunista me hicieron concluir que el sistema cubano no era reformable y que Fidel Castro no estaba interesado en mejorar la vida nacional o las relaciones con Estados Unidos.
Creo que mis antiguos compañeros del Partido no pueden dar la espalda cuando una turba armada con palos y barras de acero rodea una humilde casa y amenaza con matar a todos sus residentes, al tiempo que rompe el cerrojo de la entrada. Adentro, las mujeres tratan de proteger a los niños, mientras el único hombre –Luis Miguel Sigler- se dispone a inmolarse en defensa de la prole, sin que las autoridades detengan a los autores de la salvajada, porque ellos la habían alentado y organizado. ¿La Noche de los Cristales Rotos en la Alemania nazi? No. Ocurrió en Matanzas el 25 de marzo del 2010, en un poblado llamado Pedro Betancourt. En Cuba, los disidentes han sido disminuidos a la categoría de no-personas, y de su integridad física puede disponer cualquiera que desee vapulearla.
Es tiempo que los miembros del Partido Comunista, los funcionarios gubernamentales y quienes se definen como “revolucionarios” recobren la autonomía moral y rompan toda complicidad tácita con un sistema que los arrastra a infamias propias del fascismo. O devendrán cómplices de actos criminales por los que algún día –no ya lejano– tendrán que rendir cuentas, cuando menos, ante sus hijos y nietos.
Se acerca la hora en que los soldados cubanos también decidan si abrirán fuego contra sus hermanos –como ensayaron el pasado año en el ejercicio militar Bastión– o virarse contra quienes impartan esa orden. Nadie se engañe. Hoy piden acosar y golpear a unas indefensas mujeres, pero mañana pueden ordenar acribillarlas a balazos. Acosar a mujeres que marchan en silencio; aterrorizar familias en sus hogares; propinar golpizas a quien está en una celda no es de personas decentes. Justificar tales acciones con piruetas verbales es de cobardes.
¿Están dispuestos los comunistas cubanos a morir por sus ideas –como declaran las proclamas– o solo a matar por ellas? Si dicen tener coraje para enfrentarse al invasor extranjero ¿por qué no lo han encontrado frente a los verdugos nacionales? La cultura de la irresponsabilidad cívica tocó fondo.
Orlando Zapata Tamayo creyó en Fidel Castro cuando expresó que “Revolución es (…) ser tratado y tratar a los demás como seres humanos” como reza el website del Partido Comunista de Cuba. Este humilde obrero de la construcción nunca fue un oportunista. Lo enviaron a “combatir” las ideas que algunos disidentes exponían en improvisadas tertulias y aprendió a escucharlas. Cuando una de aquellas no-personas fue encarcelada, Zapata entendió la naturaleza hipócrita, intolerante y represiva del régimen que defendía. Comprendió que no había “batalla de ideas”, sino aniquilamiento de quien expresaba un pensamiento diferente.
El joven albañil rehusaba matar o golpear por sus ideales, pero estuvo dispuesto a morir por ellos. Quiso entender de ese modo el mandato del himno nacional cuando dice “morir (no matar) por la Patria es vivir”.
Quizás el martirologio de Zapata Tamayo retire la venda de los ojos a quienes ya no pueden posponer por más tiempo definirse al lado del pueblo o de sus opresores. Es hora de enfrentar su conciencia. Ojalá encuentren la necesaria lucidez y coraje para preservar su dignidad en medio de tanta canallada. Zapata les dio el último aldabonazo.