Después de haber sido secuestrada a la edad de 16 años por un grupo de matones y de aguantar un año de violaciones y golpizas, Assiya Rafiq fue entregada a la policía y pensó que sus problemas habían terminado.
El siguiente paso para Assiya era obvio: debía suicidarse. Ese es el escape habitual en el campo paquistaní para las mujeres violadas, como la única forma de limpiar la desgracia de toda su familia.
En cambio, Assiya reunió el valor inimaginable para revelar públicamente su situación y contraatacar. Está buscando enjuiciar tanto a sus secuestradores como a la policía, a pesar de las amenazas contra ella y sus hermanas menores. Se trata de una chica que me impresionó y me dejó mordiéndome los labios; no se trata de una historia de victimización, sino de valor, adquisición de poder y heroísmo poco común.
Decidí iniciar un procedimiento penal porque no quiero que lo mismo le pase a alguien más, dijo con firmeza.
El caso de Assiya ofrece una ventana a la corrupción cotidiana y la injusticia que padecen los paquistaníes empobrecidos, lo que lleva a algunos a recurrir al islam extremista.
Cuando trato a una víctima de violación, siempre le aconsejo que no vaya a la policía, dijo la doctora Shershah Syed, presidenta de la Sociedad de Obstetras y Ginecólogos de Pakistán. Porque si lo hace, la policía simplemente podría violarla otra vez.
No obstante, Assiya también es un signo de que se avecina el cambio. Dijo que se inspiró en Mukhtar Mai, una joven de este pueblo remoto de Meerwala, quien fue víctima de violación multitudinaria en 2002 por órdenes de un consejo local. Mukhtar levantó cargos contra sus atacantes y usó el dinero de la indemnización para fundar una escuela.
Mukhtar es mi heroína. Muchos lectores que siguieron su historia en algunas de mis columnas pasadas le han enviado donaciones por medio de un fondo en Mercy Corps, y Mukhtar ha usado el dinero para abrir escuelas, un programa de ayuda legal, un servicio de ambulancia, un refugio para mujeres, una línea telefónica directa, y para ayudar a Assiya a pelear su caso legal.
Estados Unidos ha estado distante de las injusticias omnipresentes en Pakistán, y esa es una razón del cinismo respecto a los estadounidenses. Espero que el gobierno de Obama deje claro que los estadounidenses están hombro con hombro con las heroínas como Mukhtar y Assiya, y con una sociedad civil emergente que lucha por la ley y la justicia social.
La saga de Assiya comenzó hace un año, cuando una mujer que era amiga de la familia la vendió a dos delincuentes con vínculos familiares con políticos prominentes. Assiya dijo que dos hombres pasaron el siguiente año golpeándola y violándola.
Los hombres estuvieron implicados en un robo de oro, así que negociaron un trato con la policía en la ciudad de Kabirwala, cerca de Khanewal: entregaron a Assiya, junto con un soborno de 624 dólares a cambio de que acusaran a la chica del robo.
Según el relato de Assiya, que encuentro totalmente creíble, cuatro policías, incluido el jefe, tomaron turnos para golpearla y violarla en ocasiones, cuando estaba amarrada las siguientes dos semanas. Una guardia se salía solícitamente cada vez que los hombres querían tener acceso a Assiya.
Parientes de Assiya oyeron que estaba en la estación de policía, y un tribunal otorgó la petición para su liberación y envió a un alguacil para sacarla. La policía ocultó a Assiya, dijo ella, y encerró brevemente a su hermano de 10 años para intimidar a la familia para que se desistiera.
El alguacil aceptó sobornos tanto de la familia como de la policía, pero al final liberó a la chica. Assiya, impulsada por la furia que superó a su vergüenza, contó toda su historia al magistrado, quien ordenó un examen médico y una investigación. El informe médico confirma que estaba roto el himen de Assiya y que presentaba abrasiones en todo el cuerpo.
La mañana que conocí a Assiya, dijo que acababa de recibir la más reciente de una serie de amenazas de la policía: a menos que retire los cargos, la detendrán, violarán o matarán, y a sus dos queridas hermanas menores.