En algún momento, todos hemos visto la vida color de hormiga, y también color de rosa.
El momento de Edith Piaf, la alondra de Francia, sin duda fue camino al banco a cobrar el chequecito por su canción La Vie en Rose (La vida en rosa), que la inmortalizó.
Décadas después, Bette Midler también metió un jonronazo con The Rose. Y en febrero de 1981, David Stockman, director de presupuesto del presidente Ronald Reagan, hablaba de un rosy scenario (un marco hipotético color de rosa) al referirse al pronóstico económico. La expresión ha seguido vigente: P. e., procede decir que los estados financieros maquillados de Betty la fea, o de Yeya la pritti (cuando metió lo del Canal en las finanzas nacionales) presentaban un rosy scenario. Y nuestro gobierno de turno al parecer también contaba con el escenario rosa mientras babeaba en colectivo, pensando en el relleno con que pretende forrarse.
Otros han dado otra vuelta a lo del color de rosa; creo que era Portos, el mosquetero de la novela de Alexandre Dumas, quien comentó que “la vida se ve color de rosa a través del fondo de una botella”.
La ebriedad, al fin y al cabo, distorsiona. Y el ebrio justifica sus acciones a toda costa, trátese de ebriedad vía etilo, o vía poder.
