Hasta Jerry Bruckheimer se equivoca. Este año lo ha hecho dos veces y de qué manera. Cantidad ínfima si se trata de un ser humano normal como usted o como yo, pero una cifra de pánico para uno de los productores más lucrativos de Hollywood.
Primero le fue regular en taquilla con su anterior colaboración con los estudios Disney: Príncipe de Persia, que recaudó mundialmente 328 millones de dólares, cuando la película lejanamente inspirada en un video juego costó 200 millones de dólares, sin contar los gastos de promoción.
Ahora tropieza de forma más dolorosa con Aprendiz de brujo, que se hizo gracias a un presupuesto de 200 millones de dólares y que hasta ahora va por unos ridículos 112 millones de dólares en su recorrido planetario.
Aprendiz de brujo tiene remotas referencias al cine clásico de la casa de Mickey Mouse: el tema de experto que enseña a torpe estudiante sus trucos de magia ya lo hizo Disney con Fantasía (1940) y encima vuelve a resucitar al más mediático de los encantadores con sombreros puntiaguados de la Edad Media: Merlín, ese otro viejo conocido de la franquicia del Pato Donald.
Como toda película de destrucción y acción que se respete, esta también ocurre en Nueva York, ya que la meca del cine nos ha enseñado que el único punto del globo terrestre donde pasan situaciones fuera de serie es en la Gran Manzana. Algo de razón tendrán, digo yo.
La trama es tan complicada como un rompecabezas hecho para ser armado por un niño de tres años: Merlín tuvo tres estudiantes sobresalientes: uno se fue para el lado oscuro (Horvath, encarnado por Alfred Molina), otra es un bombón de chocolate (Fata Morgana, a la siempre hermosa Mónica Belluci solo le dan papeles estúpidos en Hollywood) y el trío lo termina uno que ni un legislador panameño podría corromper (Balthazar, interpretado por Nicolas Cage).
Horvath le da su merecido al Merlín y se vuelve un experto en un conjuro: resucitar a los muertos.
El muy imbécil, en vez de traer de vuelta a Jesús, Isaac Newton, Leonardo Da Vinci, Albert Einstein o Katharine Hepburn, el tarado toma las peores decisiones. Villano cliché al fin y al cabo.
Como era de esperarse, lo que saca la cara de Aprendiz de brujo son los efectos especiales que se jala y la actuación de Nicolas Cage, que de nuevo la pega con esa cara de niño a quien el malvado del salón no lo deja en paz ni en sus sueños. ¿Moraleja? Vaya a ver Origen.

