Del 28 al 30 de junio, se llevaron a cabo las Jornadas Iberoamericanas de Bibliotecas Escolares y Públicas. Esta es la tercera versión de un evento de gran importancia organizado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc). Quedó comprobado, a través de las experiencias, talleres y conferencias, que las bibliotecas, más allá de un depositario de información y memoria, son espacios que construyen vínculos; lugares que despiertan posibilidades múltiples. Las bibliotecas, incluso, en medio de la crisis, tienen una función social de promover la convivencia y el diálogo; son espacios amigables que apoyan y motivan.

Las temáticas, como siempre, de vital interés, como lo fueron las mesas: identificación de prioridades para la agenda bibliotecaria en Iberoamérica; bibliotecas que curan: aportes a la salud y al bienestar socioemocional desde las bibliotecas y la lectura, y la lectura y las bibliotecas como derecho y herramientas para la vida, entre otros temas. Sin embargo, un tema puntual fue: la importancia de la voluntad política y las políticas públicas para el desarrollo de sociedades lectoras.

En esta mesa hablaron Alejandro Neyra, ministro de Cultura de Perú; Sylvie Durán Salvatierra, ministra de Cultura de Costa Rica, y María Victoria Angulo, ministra de Educación de Colombia, y moderó Andrés Felipe Ossa, director del Cerlalc-Unesco. Creo que en este panel se dieron las bases para uno de los objetivos del evento: visibilizar los elementos para una posible hoja de ruta que oriente el desarrollo de las políticas públicas y los planes de lectura y bibliotecas en la región. Merece un comentario especial la presentación de la ministra de Costa Rica que, para empezar, recordó que ninguna política pública de fondo puede verse realizada en menos de diez años y que es fundamental el compromiso de los sucesivos gobiernos de darles seguimiento a los proyectos importantes.

La ministra de Costa Rica hizo una radiografía desde una visión sistémica de la gestión cultural y las políticas en el ámbito público. En resumen, en el relevo político es fundamental saber asumir ciertos compromisos de largo plazo para que perduren y tengan sentido. Mucho va a depender de la capacidad de agencia de los gobernantes que son agentes de un ecosistema donde ellos toman decisiones, según la pirámide de poder que tengan. Es por eso que Durán Salvatierra dice que la voluntad política está mediada por una serie de factores y, dependiendo de la posición en que se encuentren los sujetos, la capacidad de agencia será efectiva. Desde esos espacios de poder, los actores políticos tienen que saber elevar sus demandas, derechos y propuestas de manera acertada y asertiva, afirma la funcionaria tica.

Cuando hablamos de voluntad política, apunta Durán Salvatierra, es necesario hacerse la pregunta: la voluntad, ¿de quién es? Estamos ante un complicado entramado de la gestión pública que va desde las decisiones jerárquicas, las administrativas, las operativas y las técnicas, hasta las demandas, propuestas y derechos que emanan de la ciudadanía y diversos sectores; todas con un complejo universo que se transversaliza y dónde no es tan simple coordinar y gestionar recursos, pero, sobre todo, lograr una comunicación centrada en la organización colaborativa, que es donde parece que nuestras instituciones, por ser verticales, tienen sus principales problemas.

Los componentes de la gestión cultural, sigo con las ideas de la ministra de Cultura, son un aparato más intricado que con frecuencia alarmante se queda en discursos y paradigmas que no se resuelven, se quedan en el papel, olvidando la estructura y la gobernanza que son necesarias para que los planes, programas y proyectos se desarrollen con eficiencia. Tenemos una cultura institucional con serios problemas de organización y comunicación, tal vez con hermosos discursos y proyectos, pero que se contradicen con la verticalidad institucional que no responde a miradas técnicas ni a criterios profesionales que ayuden a que sean más horizontales.

Nuestras instituciones culturales en todo el continente suelen ignorar los componentes de la gestión cultural y responden, en la mayoría de los casos, a un discurso oficial con un programa político de gobierno, pero no a un programa de consolidación y articulación, algo que podría estar mejor cohesionado con un poco de cultura organizacional y comunicacional, que ayude a diseñar esa transversalidad estratégica.

La ministra habló de instituciones atomizadas, donde, por ejemplo, el sistema de bibliotecas está insertado en una estructura muy separada de su sentido y propósito. Creo que ésta realidad nos toca muy profundamente y ha invisibilizado a nuestras bibliotecas. Si no tenemos claro para donde vamos, si no tenemos una ruta, un alineamiento en políticas públicas de lectura, una narrativa que nos ayude a contar un solo relato, pero a la vez intersectorial, seguiremos con los mismos discursos y paradigmas. Seguiremos, como dijo la ministra de Costa Rica, desvistiendo a un Santo para vestir a otro.

El autor es escritor