Colombia: El tema que emociona a todo un país

Colombia: El tema que emociona a todo un país
Un hombre disfrazado de ángel de la paz, celebraba la firma del nuevo acuerdo en la Plaza de Bolívar.

El tema es la paz. En todo Colombia.

El centro de Bogotá está convulsionado. La historia quedará marcada en el teatro Colón, pero hay seguridad perimétrica 10 cuadras alrededor –incluye la prohibición de sobrevuelos e incluso drones–, con un dispositivo de seguridad conjunto de 2 mil unidades de la policía, el ejército y la Casa Militar de Palacio. Eso sin contar los 300 hombres de inteligencia que cuidan a las casi 800 personas que llegarían al lugar: ministros, expresidentes, congresistas, senadores, representantes de las FARC, de la Iglesia, de organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil.

Fabiola trabaja en la panadería La 10 y cada vez que ve pasar un carro escoltado hacia el teatro Colón se pone más furiosa. “A Timochenko lo debería estar persiguiendo la policía, pero ahora lo cuidan. Está en el teatro Colón con el presidente… Están firmando lo que ellos quieren, no lo que el país quiere”.

Pasa a su lado una pareja que se dirige a la Plaza Bolívar, donde verán el acto a través de una pantalla gigante, y grita al aire: “ella está hablando sin conocimientos… está hablando pura mie…”.

“Esto es una paz mentirosa”, sigue ella ignorándolos”. “Por eso voté no”.

Estamos, casualmente en la calle La Esperanza.

Más adelante, un limpiabotas avanza a paso rápido. Él va convencido de que con el acuerdo “van a acabar con la pobreza. Eso viene”.

Lili se le queda viendo. Asombrada. Ella es francesa y está radicada en Colombia desde hace 24 años. Es dueña de una panadería en el norte de la ciudad, desde donde ha visto tejerse la historia de ese país. Ella se leyó todo el acuerdo. Tanto el inicial como las modificaciones. Y todavía no entiende cómo el “No” ganó y “cómo Colombia le dijo no a la paz”. Se lo toma a pecho. Está muy emocionada con la firma que se está dando en el teatro Colón y espera que Álvaro Uribe y sus seguidores no “sabotéen otra vez” el proceso. “No importa qué le hagan al proceso, a él no le va a gustar. Que deje la política para después”.

La resistencia civil anunciada por Álvaro Uribe a la refrendación de los nuevos acuerdos en el Congreso (debido a que no pasarán por la refrendación popular como la primera vez) es también el tema central de los políticos. “Tenemos mucha expectativa. No más saboteo, por favor. La gente quiere que vivamos sin violencia”, fue el mensaje del senador Iván Cepeda antes de entrar al evento.

El exalcalde y exaspirante presidencial Antanas Mockus también se refirió al tema. “Ojalá prime la buena voluntad, porque esto hay que hacerlo con buena voluntad. Espero que [al Centro Democrático, el partido de los uribistas] la sociedad los haga sentir que ya fue suficiente. No alarguemos la guerra innecesariamente. Muchas veces invité a Santos a aceptar las invitaciones de Uribe. Ahora invito a Uribe a aceptar las invitaciones de Santos”.

El acuerdo inicial, indicó a su turno el ministro de Defensa Yesid Reyes, tenía 297 páginas. Las modificaciones fueron 90 páginas, sobre todo en los temas de justicia e ideología de género. “La gran mayoría de esos acuerdos se hicieron por sugerencia del Centro Democrático, así que no se puede hablar de modificaciones mínimas”.

Los pequeños cafés que le dan vida al centro histórico de la ciudad empiezan a vaciarse. La gente migra a la Plaza Bolívar, donde desde dos pantallas gigantes ya se proyecta la firma del nuevo acuerdo de paz.

La plaza no está repleta. No como el 26 de septiembre, cuando se firmó el primer acuerdo en Cartagena y se proyectó a través de pantallas gigantes en este mismo lugar. Ni como cuando en campaña las multitudes se congregaban ahí. Chispea.

Huele a esperanza. “Ojalá ahora sí llegue la paz. Ojalá este sí sea el acuerdo final y lo refrenden rápido. Ojalá ya no haya más tropiezos. Este país necesita la paz”, fueron las palabras de un emocionado Manuel.

Junto a él, Octavio ondea una bandera blanca como la que también cargan otros centenares de colombianos. “Yo voté no y este es un mejor acuerdo que el primero. Todos tenemos que ceder para poder tener paz”.

Aunque ambos resaltaron en sus discursos que en el nuevo acuerdo se incluyeron las propuestas de los propulsores del no, se sintió más emoción durante el discurso de Timochenko que durante las palabras de Santos.

El del mandatario fue más largo, más técnico y enfocado a los puntos del acuerdo. El del jefe guerrillero, en cambio, incluyó frases más emocionales, como que el acuerdo daba por terminada la guerra, “que la palabra sea la única arma de los colombianos” y que no habría más asesinatos. En al menos cuatro ocasiones recibió aplausos. Santos, solo dos veces.

Pero no todo es alegría. En una esquina están Daniela Gutiérrez Mahecha con su tía y dos niñas. Cargan un anuncio de su tío secuestrado en 1999 y del que más nunca han sabido nada. Llevan 17 años y 5 meses pidiendo respuesta “y nada”. “Hemos enviado cartas a las entidades, a los negociadores… y lo máximo que responden es que han recibido las cartas”. Daniela no confía en el acuerdo, porque para ella no incluyó a las verdaderas víctimas.

Entre la multitud Fabiana Niño Pérez llora. Llora por el hijo de 13 años a quien no ve desde 2003. “Se lo llevaron en 2003 y desde entonces no sé nada de él. No sé si me lo mataron, pero necesito que me digan si está vivo o muerto. Pero que me respondan, que me digan algo…”.

Aún con un dolor que contagia, Fabiana apoya el proceso. Tiene la bandera blanca en un brazo y un folder con los documentos de su hijo en el otro, y lo apoya porque no quiere que haya más madres como ella. Más madres a quienes les arrebaten a sus hijos y más nunca sepan de ellos.

Luego de la refrendación en el Congreso, lo que sigue es la implementación de este texto. 15 días después se espera que empiecen a ser reagrupados los 7 mil a 8 mil guerrilleros de las FARC en 20 zonas donde estarán bajo acompañamiento de las Naciones Unidas. Ahí dejarán las armas en tres ciclos y 180 días. Esas armas quedarán en manos de las Naciones Unidas, que las fundirán y harán tres monumentos: uno en Nueva York, uno en Cuba y uno en Colombia, en un lugar que está por definirse. Paralelamente a este tema, la Corte tiene que definir si faculta al Congreso a aprobar a través del fast track (solo aprobando, sin modificaciones) la implementación de los demás puntos del acuerdo de paz.

FLOR MIZRACHI ANGEL

BOGOTÁ, COLOMBIA


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