Siria construyó un crematorio en una prisión en las afueras de Damasco para “encubrir el alcance de los asesinatos en masa” del presidente Bashar al Asad, según un funcionario estadounidense.
“Estamos consternados por las atrocidades cometidas por el régimen sirio”, aparentemente “con el apoyo incondicional” de Rusia e Irán, dijo a periodistas, ayer, Stuart Jones, subsecretario de Estado interino de la Oficina de Asuntos del Próximo Oriente, en el Departamento de Estado.
Al pedir a Rusia que presione a su aliado Al Asad para detener los excesos, Jones citó informes recientemente desclasificados, así como fotos tomadas por organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y evaluaciones de la comunidad de inteligencia, al enumerar las supuestas acciones de Al Asad contra civiles.
En una prisión ubicada a 45 minutos de Damasco, la capital de Siria, el régimen de Al Asad ha “modificado un edificio dentro del complejo de Sednaya para lo que creemos es un crematorio”, dijo Jones, a fin de poder deshacerse de los cuerpos de detenidos “con poca evidencia”.
Dijo que el régimen ha llevado a cabo asesinatos extrajudiciales de miles de detenidos, muchos mediante ahorcamientos en masa, con un máximo de 50 detenidos al día tan solo en Sednaya.
Aunque Estados Unidos ha condenado a Rusia por apoyar el régimen de Al Asad, el gobierno del presidente Donald Trump también ha expresado su interés en trabajar con Rusia para combatir a los terroristas del Estado Islámico en Siria.
La semana pasada, el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, se reunió con Trump y el Secretario de Estado, Rex Tillerson, en Washington. Se espera que Trump tenga sus primeras conversaciones cara a cara con el presidente ruso Vladimir Putin en unos meses.
Rusia firmó este mes un memorando para la creación de “zonas de seguridad” con el respaldo de Turquía e Irán durante las conversaciones en la capital de Kazajstán, Astana.
Jones, que asistió a las conversaciones como observador, dijo que “tenemos razones para ser escépticos” con respecto al plan dados los fracasos pasados.
“Rusia ha ayudado o pasivamente vio para otro lado mientras el régimen llevaba a cabo” una serie de atrocidades, dijo Jones. “Rusia debe ahora, con gran urgencia, ejercer su influencia sobre el régimen sirio para garantizar que las horribles violaciones paren ahora”, dijo.
NUEVOS DIÁLOGOS
La ONU abre el martes en Ginebra una nueva ronda de negociaciones para poner fin a la guerra en Siria , eclipsada de antemano por las conversaciones paralelas patrocinadas por Rusia, Irán y Turquía, así como por las derrotas rebeldes en Damasco.
Las negociaciones para poner fin al conflicto siguen ahora dos circuitos paralelos: el proceso político formal que se lleva a cabo en la sede de la ONU en Ginebra desde 2014, mientras que desde enero se celebran conversaciones en Astaná (Kazajistán) por iniciativa de Turquía, que apoya a los rebeldes, y Rusia e Irán, aliados del régimen de Bashar al Asad.
Desde la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, este país -que apoya a los rebeldes- ha optado por colocarse en un relativo segundo plano en las negociaciones de paz, que antes patrocinaba junto a Rusia.
Durante una conferencia de prensa el lunes en Ginebra, el enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, se mostró sin embargo “animado por el compromiso y el creciente interés de la administración estadounidense”. De Mistura aseguró que las conversaciones de Ginebra se desarrollaban “en conjunto” con las de Astaná.
La ONU busca mantener su protagonismo, tras el importante acuerdo firmado en Astaná el 4 de mayo que prevé la creación de “zonas de distensión” en Siria para frenar el baño de sangre.
En cambio, Al Asad ha denigrado estas próximas negociaciones de Ginebra, afirmando que “se trata esencialmente de una reunión para los medios”. “No hay nada sustancial (...). Es algo nulo. Astaná es diferente”, declaró Al Asad en entrevista a la televisión bielorrusa ONT.
