La labor es extenuante. Enfrentarse a situaciones de riesgo en donde generalmente está en peligro la vida de las personas no es cosa de juegos, y eso lo saben muy bien los miembros del benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá, pues para ellos los segundos cuentan.
Su peor enemigo es el fuego, elemento el cual combaten día tras día, pues la tregua no existe para los 5 mil 400 miembros de las brigadas de los camisas rojas, voluntarios o de la guardia permanente.
Entre los incendios propios de cualquier temporada están los que se registran dentro de las residencias, sean estas de mampostería o de madera, en casas, apartamentos, o en vecindades comunales, como es el caso de las barracas.
También existen los siniestros de temporada, en los que se destacan las quemas forestales, que agotan los pocos recursos de los bomberos.
No obstante, hacerle frente al fuego no es la única labor que desempeñan los también llamados camisas rojas, pues cuando ocurren los accidentes de tránsito son los primeros que se hacen presentes para socorrer a las víctimas, a quienes atienden en el lugar hasta su posterior traslado a un centro hospitalario.
En las estaciones de bomberos es común recibir llamadas telefónicas que reportan una fuga de gas o la aparición de un enjambre de abejas africanizadas, tareas para estos servidores.














