El derrocado expresidente egipcio Hosni Mubarak salió en libertad ayer tras seis años de disputas y procesos legales, para furia de los activistas que querían que fuese castigado por las muertes de cientos de personas que desafiaron su gobierno.
El expresidente de 88 años, que está enfermo, salió de un hospital militar en el suburbio de Maadi, en el sur de El Cairo, y fue a su casa en el vecindario de Heliópolis en medio de fuertes medidas de seguridad.
Este hecho marca un nuevo capítulo para el exautócrata que en 2011 vio cómo su pueblo se levantó contra él, exigiendo que se pusiera fin a su gobierno de 30 años marcado por la corrupción, la desigualdad económica y la dependencia de un sistema de seguridad muy temido. También pone de relieve las aspiraciones fallidas de la Primavera Árabe, que arrasó la región. Seis años después, los levantamientos en países como Egipto o Túnez han provocado guerras, Estados fallidos o el retorno a gobiernos de mano dura.

