El plástico arrojado por el ser humano es el desecho que más afecta a los océanos. De hecho, en Panamá, durante las limpiezas de playas anuales, un 75% del material recolectado es plástico. La XXIV jornada de Limpieza de Playas, Costas y Ríos 2015 será este domingo 27 de septiembre desde las 8:00 a.m.
Las playas, las costas y los océanos ofrecen grandes tesoros. No obstante, estas bellezas naturales son afectadas por las toneladas de desechos que se le arrojan.
La contaminación de este recurso cada vez gana más terreno y seguirá en aumento si la población no toma conciencia del daño que ocasiona, recalcan expertos en la materia.
El enemigo principal de los océanos es el plástico tirado por el hombre, asegura Jenny Echeverría, de la dirección de Educación Ambiental de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon).
Entre 10 y 20 millones de toneladas de plástico terminan en los océanos del planeta cada año, según informes del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).
Este material procede, principalmente, de vertederos mal manejados, registra Pnuma.
En el istmo, durante las limpiezas de playas anuales, un 75% del material recolectado es plástico en todas sus denominaciones, afirma José Agustín De Obaldía, de la Fundación para la Protección del Mar (Promar).
“Necesitamos el plástico, nos ha facilitado la vida, pero tenemos que saber utilizarlo”, opina por su lado Zuleika Pinzón, directora de gestión integrada de costas y mares del Ministerio de Ambiente.
De Obaldía advierte de que los océanos, costas y ríos reciben basura de todo tipo, lo que afecta la vida marina.
Algunas playas también están contaminadas con aceites y combustibles que las flotas marinas dejan a su paso, señala.
En Panamá, desde hace 24 años se realiza una limpieza anual de las playas, costas y ríos, para concienciar a la sociedad en general sobre el problema, afirma Echeverría.
A pesar de ello, un estudio de 2012, del organismo Conservación Internacional, ubicó a Panamá en la posición 48, en cuanto a sostenibilidad y calidad de sus océanos, “un puesto no muy privilegiado”, considera De Obaldía.
¿Qué acciones se pueden poner en práctica para combatir este problema?




