Ayer, la capital panameña amaneció afanosa. Los primeros rayos de luz asomaron al tiempo que empezaban a rugir los motores de los automóviles y por todas partes se observaba el agitado transitar de los madrugadores, que se dirigían prestos a afrontar la faena con la determinación de lograr completar las compras de Nochebuena. Hoy la agitación ha cesado y procede reflexionar.
“La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendría bien estar un poco en silencio, para oír la voz del amor”, recomendó en su Twitter el papa Francisco, en favor de más recogimiento y menos bullicio.
Sordos (tal vez por el mismo ruido) a sus sencillas palabras, las caravanas de automóviles desesperados por un estacionamiento en el centro comercial, marcaron la tendencia de la fiesta en nuestro terruño istmeño, abocado al consumismo.
Según el sociólogo Juan Arcia, la cultura de compras que se impone en torno a la Navidad es una práctica acogida de una costumbre foránea. “Se ha tomado como una fecha de adquisición, y la hemos adoptado como una fiesta para regalar objetos materiales”, dice.
La “ rutina” navideña que conocemos hoy, cuenta, es consecuencia de haber hospedado por años a una potencia extranjera, que caló en el país muchas de sus tradiciones. “Esta coyuntura la aprovecharon los comerciantes hasta transformarla en un hábito. La gente ahorra todo un año para gastarlo en estas fechas”, añade Arcia.
“La Navidad conmemora el nacimiento de Jesús en un tiempo y en una historia concreta”, señala, por su parte, el sacerdote Ismael Xuruc, quien explica que la fecha debe ser una conmemoración de solemnidad cristiana.
De acuerdo con el religioso, la costumbre de dar obsequios el 25 de diciembre es un simbolismo del primer regalo de Dios a la humanidad, traducido en su hijo. Sin embargo, aquel gesto de correspondencia hoy se acompaña de ofertas, descuentos y otros reclamos comerciales que lo alejan de su origen bíblico.
Un árbol navideño de 14 metros de altura se erige afuera de la basílica de San Francisco, en Bolivia; mientras que en Alemania, el Museo de la Navidad lucha para preservar las figuras de san Nicolás, papá Noel y el niño Jesús como patrimonios culturales protegidos de influencias foráneas, como el santa Claus estadounidense. Y es que santa, acompañado del pino navideño, parecen figurar como iconos indiscutibles de esta época.
Según el padre Xuruc, el arbolito era una costumbre europea que con el paso de los años se cristianizó y que hoy se considera una representación de Cristo dentro de los hogares.
“La población sigue estas tendencias y los comercios las utilizan para hacer llamativas sus vitrinas, sin importar su significado o procedencia”, apunta el sociólogo Arcia.
Las compras navideñas suelen estar a cargo de las mujeres, entre el 60% y el 75% de los casos, según explica el publicista Miguel Trujillo. Y aunque hay espacio para todo tipo de regalos, tanto Trujillo como Arcia concuerdan en que los juguetes siguen encabezando las listas de compras.
Para el sacerdote Xuruc, las compras navideñas no son en sí mismas negativas, aunque dejarse llevar por el consumismo, sí lo es. “Se pierde el valor de la fecha al tener el afán de perseguir un bien material”.
Los tres coinciden en que, a pesar del ajetreo, se mantiene el principio de dar y compartir.
Santa Claus, el personaje regordete y de barba blanca, es visto con recelo por los puristas de las celebraciones cristianas, ya que a pesar de su origen ficticio, en la actualidad se le confunde con otras personalidades como el sacerdote San Nicolás de Bari o el Papá Noel nórdico.
La figura de Santa Claus ha penetrado en la actualidad en las tiendas y mercados como símbolo de venta. El publicista Miguel Trujillo afirma que aunque no necesariamente sustituye a Jesús como ícono navideño, “resulta más atractivo para los niños”.
“Tener a Santa Claus en un aviso o en la entrada de la tienda no significa que vas a vender más, pero sí transmite el sentimiento de la época, que ya es conocida como temporada de ofertas”, añade el publicista, quien incluye otros elementos como la nieve, el trineo o los renos como “más vistosos y fácil de mercadear”.
