El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, movilizó ayer a sus seguidores en caravana de Managua a la rebelde ciudad de Masaya (sur), para contrarrestar un paro laboral de la oposición que, con negocios cerrados y calles medio vacías, exige su salida del poder.
Mercados, bancos, tiendas, gasolineras, restaurantes y pequeñas ventas de comida no abrieron en ciudades y pueblos, en apoyo al llamado opositor pero también por temor a saqueos o asaltos.
“Estoy trabajando por necesidad. Pero el paro es un arma para presionar al gobierno, porque a esta situación no se le ve fin. Los pobres somos los que estamos muriendo”, dijo Adolfo Díaz, limpiabotas, en el solitario mercado Huembes.
En Managua, seguidores de Ortega partieron a bordo de cientos de vehículos y motocicletas, ondeando banderas rojinegras del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional, enrumbándose hacia Masaya, 30 kilómetros al sur.