Por motivos que no han sido estudiados, julio suele convertirse en el mes de los rayos en Panamá.
El pico fue en 2009 cuando del espacio aéreo nacional cayeron unos 280 mil impactos eléctricos, según registros de la Unidad de Análisis Meteorológico de la Empresa de Transmisión Eléctrica S.A. (Etesa).
Es decir que, en promedio, aquel julio de terror para quienes no simpatizan con las centellas entre las nubes, se precipitaron unos 9 mil rayos diarios, 375 cada hora.
Con el inicio de la temporada lluviosa, entre finales de abril y principios de mayo, hay días en los que el sistema capta hasta 40 mil descargas eléctricas en el país, destaca César Osorio, docente y meteorólogo de Etesa. Son muchas, reconoce.
Además de julio, junio, agosto, septiembre y octubre completan el período más agitado de truenos y relámpagos en el país, apunta Osorio, mientras interpreta las estadísticas que recaban los sensores de Etesa ubicados en Colón y Los Santos.
Por esos meses la cantidad de rayos puede llegar de 200 mil a 250 mil.
En tiempo de lluvia las nubes son más grandes, con un desarrollo vertical superior. Por eso aumenta la actividad eléctrica, que se ve alimentada por los huracanes que pasan por el Caribe, detalla Osorio, intentando encontrar una explicación para el frenesí de ráfagas de julio y compañía.
Los ánimos bajan entre noviembre y diciembre con unos mil y 4 mil impactos mensuales, y en la estación seca el ímpetu desciende por debajo de mil registros.
Diversas zonas boscosas de Chiriquí, la región central de Veraguas y la zona del Canal, desde Panamá hasta Colón, además de la bahía caribeña sobre las provincias centrales, son los puntos preferidos de las descargas eléctricas dentro del territorio nacional.
VIDAS COBRADAS
La posibilidad de que un rayo caiga sobre una persona es de uno en 2 millones 320 mil, anota un despacho de Discovery. Aún así, al año se registran muchas pérdidas de vidas de personas por esta causa.
Una investigación pionera del Grupo de Electricidad Atmosférica del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil, difundida en abril pasado por la BBC, reveló que en los países latinos la incidencia de muertes por rayos supera 17 veces las de Estados Unidos y Europa en los recientes años.
El estudio se basó en estadísticas oficiales desde 2000 hasta el presente, de 10 países de la región, incluyendo Panamá.
Si se analizan los resultados proporcionalmente, Cuba y Panamá lideran la lista con 5.9 y 4.9 muertes anuales por cada millón de habitantes. Les siguen Perú (2.3), Colombia (1.6) y Uruguay (1.5).
En tanto, una mirada a los números absolutos dejan a países con mayor población como los más afectados: Brasil con 130 muertes anuales, Colombia con 74 y Perú con 68. Panamá aparece de quinto con 17 vidas perdidas al año.
Para no ser ese uno en 2 millones 320 mil, apunta Osorio, hay que evitar estar expuestos o manipulando metales al haber tormenta eléctrica. Lo mejor es permanecer en casa, refugio o en el carro, si se está manejando, porque pocos como Mr. Daws (entrañable personaje de la novela El curioso caso de Benjamin Button de F. Scott Fitzgerald que narra cómo sobrevivió a siete corrientazos del cielo) podrán contar que vieron o sintieron un rayo de cerca.
Miedo y asombro. Al rayo siempre le rodeó un halo mitológico, además del resplandor instantáneo del relámpago y el estallido del trueno. Ahora con el avance de la ciencia se ha podido conocer más de las descargas eléctricas que caen del cielo.
Un rayo tiene una longitud que promedia el kilómetro (km), pero se tienen informes de extensiones mucho mayores, como el hasta ahora récord de uno que cayó en Texas, Estados Unidos que midió 190 km, de acuerdo con reportaje de Discovery.
Tienen una velocidad de 220 mil km/h, son cinco veces más calientes que la superficie del sol, y cada rayo es el equivalente a mil millones de voltios, la mayor fuente de energía del planeta. Por eso no debe extrañar que Thor se jacte de ser el dios del trueno, que Frankenstein haya vivido gracias a un rayo o que el DeLorean de Back to the Future viajara por el tiempo impulsado por las tormentas eléctricas.

