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OPINIÓN

Sábado picante

Mañana, los panameñistas y el FAD eligen a sus candidatos. Saúl Méndez, sin duda, será el favorecido en el Frente Amplio por la Democracia. En su morral de logros para ser presidenciable, Méndez se enorgullece de haber negociado este año una nueva escala salarial para los trabajadores de la construcción, que al país –a propósito– le costó millones de dólares en pérdidas. También obtuvo una victoria cuando consiguió un subsidio pagadero a quienes laboren en obras del Estado, haciendo una diferencia con los que trabajan en obras privadas, que ganarán poco menos.

Méndez, con décadas en el movimiento obrero, ahora como precandidato tiene un discurso menos extremista que el que usó para escalar como líder sindical. Pero, ¿cómo olvidar sus posturas radicales de tantos años? Sabe que la sociedad panameña no comparte los extremos, es negociadora, y por ello ha moderado su discurso político. Pero la piel de oveja difícilmente será suficiente para ocultar lo que él siempre se preocupó por hacer del dominio público: su extremismo.

En el Panameñista, la pelea es entre Mario Etchelecu y José Blandón. Ambos apuestan a las obras que gestionaron en el gobierno nacional y local, respectivamente. Etchelecu, al lado de la experiencia política acumulada de Blandón, no resistiría un debate. Pero ambos comparten el desgaste que producen cinco años en el poder, aunque Blandón corre sin la bendición de Juan Carlos Varela, y Etchelecu, sin decirlo, goza del beneplácito del gobernante. No obstante, en términos políticos, puede que la herencia obre más en su contra que a favor, dada la impopularidad de Varela.

Los dos candidatos tienen otro peso encima: Odebrecht. Ambos contrataron a la empresa brasileña a sabiendas de que, cuando lo hicieron, la compañía era investigada por corrupción en Brasil. Ahora las promesas de Blandón deben sortear las aguas inundadas de sus obras, mientras que las de Etchelecu tropiezan con las piedras de un Colón completamente desbaratado. Ambos deben darle las gracias a Odebrecht por ser factor decisivo en estas elecciones, gane quien gane en las primarias. Ignoraron advertencias, cerraron sus ojos y hoy, al abrirlos, deben contemplar el desastre de sus “buenas” obras.

En este momento creo que cualquiera de los dos que gane el derecho de ser candidato presidencial tendrá que volver a empezar a hacer campaña desde el lunes 6 de mayo de 2019, a ver si puede obtener la Presidencia en 2024, a menos que, nuevamente, acepten ser los segundos en alianzas políticas con sus enemigos, algo que la historia nos ha demostrado que termina mal, muy mal. Pero el poder es una adicción irresistible. Y si ello significa que hay que tragar sapos, preguntarán, ¿qué tan grande hay que abrir la boca?


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