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OPINIóN

Sábado picante

Los candidatos presidenciales independientes están captando una enorme cantidad de simpatías que probablemente se conviertan en votos. Por primera vez, estos candidatos están poniendo en jaque a los partidos que, encima, parecen menospreciarlos.

Lo que fue un gran apoyo para ganar las primarias en cada partido, ahora es un búmeran que mella las candidaturas de los aspirantes de los distintos colectivos políticos. Quien se ha dado cuenta de ello es José Blandón, que hace lo imposible para desvincularse de su partido, desgastado por cinco años de un gobierno impopular, que ha quedado mal por promesas incumplidas. Pero sus intentos por alejarse solo obran en su contra, pues, aparentemente, se mantiene a la zaga de sus adversarios políticos.

Los otros dos candidatos también están conscientes de que si algo los afecta es el desprestigio de sus diputados, aunque poco hacen por distanciarse de ellos. Nito Cortizo, por ejemplo, debe cargar con el desprestigio de Benicio Robinson, el de los bates de $400; de Patacón Ortega y su voleibol, y de políticos como Franz Wever y su natación. De ellos salieron los votos que respaldaron la candidatura de Cortizo en las primarias, y ahora, probablemente, pagará el precio que facturarán los electores que desprecian a esta gente.

Rómulo Roux también le debe su candidatura a personajes oscuros de su partido: los diputados. A ello hay que agregar el rechazo que genera Ricardo Martinelli y sus acólitos, extraídos de uno de los más populares cuentos de Las mil y una noches. ¿Puede Roux distanciarse de Yanibel Ábrego, Tito Afú, Manuel Cohen, Dana Castañeda, Chello Gálvez? ¿De Alma Cortés, Camacho Castro y otros políticos más que pretenden volver al poder?

Esa distancia que quieren poner todos ellos de sus partidos y de sus copartidarios, ¿será suficiente para que creamos que serán transparentes, que combatirán la corrupción, que con ellos habrá prosperidad? Personalmente, pienso que es virtualmente imposible que cumplan sus promesas contra la corrupción. Estos diputados y políticos esperan que sus esfuerzos por apoyar la candidatura presidencial sean premiado$ y los candidatos lo saben muy bien.

Si realmente quieren cumplir sus promesas, deberían condenar todo lo malo que han hecho. Pero eso no es tan sencillo si quieren llegar a la Presidencia. Entonces, ¿qué debemos esperar de candidatos presidenciales que comparten su mesa de campaña –para luego banquetearse el país en el Salón Los Tamarindos del Palacio de las Garzas– con personajes como Descaro Personificado, Clara Corrupción, Oscura Transparencia y don Hipócrita Mentiroso?

Sigo sin ver a un candidato –salido de las filas de un partido político– que realmente sea un estadista. Solo veo a oportunistas prometiendo espejismos.


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