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Sábado picante

Restan dos semanas para la hora cero. Frente a las urnas, los panameños tendrán que elegir a los que decidirán su futuro en los próximos cinco años. ¿Es verdad que votamos por proyectos de gobierno? No tengo dudas de que muchos han debatido mentalmente cuál es el más realista. Porque hay que ver los cuentos que nos echan. Todo, menos parecer disminuido frente a sus contendientes. Si uno dice $500 millones para el agro, el otro dice $750 millones, etc. En campaña nos prometen el cielo para luego darnos una merecida dosis de realidad, por ilusos.

Luego están los fanáticos. Son ciegos intelectuales por elección. Esos no creen en nada, solo en lo que les dice su candidato. No importa de qué se le acuse a su candidato, qué haya hecho o dejado de hacer, no importa que haya sido un delincuente o que lo sea o que haya cogido plata del Estado. No, todo eso es mentira, afirman. Y aunque el candidato confiese que todo lo que dicen de él es verdad, a ellos se les oirá responder que lo obligaron a decirlo o que todo es un invento, un fotomontaje, etc. Ni la verdad los hará capaces de abrir los ojos.

El amigo es otra clase de votante. Le darán su voto al que vive en la barriada; al que siempre lo atendió en tal institución o en su negocio; el que hizo algo por el deporte; el que le prestó dinero para pagar una deuda; el que le tiró la toalla en ese momento difícil; el que compartió con todos en la fiesta; el amigo de la familia. No importa si el candidato no es apto para el puesto. “Él me ayudó, yo lo ayudo a él”.

Finalmente, está el elector que sabe que tiene un pequeño activo y hará lo que sea para sacarle provecho. Es el que vende su voto. Sabe que cada cinco años ese que quiere hacerse rico debe darle su tajada del botín: zinc, bloques, arena, bolsas con comida, cemento, jamones, becas del Estado, un empleo en el Gobierno; un contrato [+ comisión]. En pequeña escala, se convierten en el mismo maleante al que le darán su voto. Saquean el Estado porque es lo que han visto. Han aprendido que si el político roba, es gracias a su voto, Por lo tanto, ellos creen tener el derecho a reclamar su parte cada cinco años.

Y es así como el político logra fidelidad, si es que se le puede llamar así. Y a cambio de 200 dólares en materiales de construcción, el votante puede hacer un anexo a su casa para que quepan todos. Lo que ignoran es que en los próximos quinquenios tendrán que vender otra vez su voto. Y es que, con la venta del voto también compromete el futuro de sus hijos, que seguramente tendrán pocas oportunidades, como comprar una casa por falta de empleo y/o educación. En 2024, habrá que pedir más cemento y más bloques, porque la familia creció y no hay empleos o la casa está llena de ninis. Quien vende su voto hoy, tendrá que hacerlo toda la vida.


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