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OPINIóN

Sábado picante

A los panameños nos costaron $30 millones los equipos empleados para que nos espiaran. Hasta ahora sabemos que el gobierno de Ricardo Martinelli le compró tecnología de interceptación de comunicaciones a NSO Group (equipo Pegasus), a MLM Protection y Hacking Team (la pinchadora Da Vinci). Se dieron gusto espiando a gente que nunca fue un peligro para la seguridad del Estado.

Lo suyo era espiar esposas, amantes, “hembritas” y, de paso, adversarios y enemigos políticos o personales. $30 millones para eso. Hay que estar enfermo para poner equipos y funcionarios del Estado a hacer trabajo tan sucio y retorcido. Eso no era solo curiosidad. Aquello fue un irracional morbo; satisfacer instintos tan básicos que ni siquiera son comparables a los de un animal. Era mucho peor. Hasta los sicópatas tienen límites.

¿Quién ordenó invadir la privacidad de tanta gente? Dice el enjuiciado que él no fue. Entonces, ¿fue Ronny Rodríguez? ¿William Pittí, acaso? Si es así, ¿por qué estos dos sujetos no se presentan al juicio y dicen las razones por las que espiaban a mujeres en situaciones tan íntimas? Rodríguez, desde la clandestinidad, alega no tener miedo, pero su actitud no es la de alguien con valor. Eso es lo que haría un cobarde.

Si ellos fueron los que ordenaron las interceptaciones, me gustaría saber para qué escuchaban a Erasmo Pinilla, Yasir Purcait, Balbina Herrera, Juan Carlos Varela y su hermano José Luis, Juan Carlos Navarro, Nito Cortizo, Francisco Sánchez Cárdenas, Mitchell Doens, José Ayú Prado, Zulay Rodríguez, Álvaro Alvarado, Stanley y Felipe Motta, Rubén Polanco, Ernesto Pérez Balladares, Martín Torrijos, Rómulo Roux, Víctor Benavides, Nicolás González Revilla (padre e hijo), Mauro Zúñiga, Genaro López y familia, Saúl Méndez, José Muñoz, Castalia Pascual, Silvia Carrera, José Blandón (padre e hijo), Rosendo Rivera, Raúl Sandoval, Lucy Molinar, Juan Carlos Arosemena, Milton Henríquez y Guido Rodríguez. La lista, obviamente, no incluye a las “hembritas”.

Y me pregunto también, por qué, si no es Martinelli, los perjudicados por semejante afrenta a su intimidad no han querellado, como el magistrado Ayú Prado o Rómulo Roux o sus propios exfuncionarios. Y cómo es que información íntima de varios de ellos, obtenida en el Consejo de Seguridad Nacional, aparecía publicada en medios que pertenecen a Martinelli, según reveló un exmiembro de esa oficina.

Ni $10 millones en abogados me convencerán de que unos policías se dieron a la tarea de espiar a todo el mundo por placer o deporte. Tampoco creo mucho en la justicia. Muy mala espina me da que haya esta rebatiña por ser parte del Parlacen o, lo que es lo mismo, estar bajo la protección de la Corte Suprema.


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